martes, 17 de abril de 2007

ARQUEOLOGIA, TURISMO Y COMUNIDAD


CONGRESO INTERNACIONAL DE TURISMO ARQUEOLÓGICO
CULTURA AGUSTINIANA: NÚCLEO DE RESISTENCIA IDENTITARIA



LUÍS ERNESTO LASSO


Nacido en Palermo – Huila, estudió Español en la Universidad Pedagógica Nacional y es Master en Literatura Hispanoamericana de la Universidad Javeriana de Bogotá y tiene estudios terminados en doctorado en Literatura Comparada en la Universidad de Granada (España). Entre su larga trayectoria, el Dr. Lasso ha sido galardonado en varias ocasiones en reconocimiento a su trabajo literario, entre otros por la Casa de las América, y con la beca Colcultura, sobre el cuento en 1992. Como promotor y gestor, ha sido creador de las Revista de la Universidad Surcolombiana “Región y Cultura”, de la cual se editaron 20 números, y en 2004 de Insurgentes; así mismo fue fundador de la revista Teorema en Bogotá, y de los Encuentros Nacionales de Escritores en Neiva, que se celebran desde 1994. Entre sus publicaciones más recientes se menciona en artículo “El Río, el Desierto y el Hombre”, en “Ecosistemas Estratégicos del Huila” de Alfredo Olaya Amaya, 2003.





UNO:

Los vecinos del Macizo Colombiano hace 20 siglos no pensaban que sus admirados descendientes pudieran desentrañar de sus artísticas obras escultóricas - punto culminante de cualquier civilización -, motivos suficientes para configurar el ser, en contraste con el desvanecimiento uniforme que impone la cultura de la globalización.

Tampoco lo sospecharon los viajeros e investigadores que han visto diversos elementos en la necrópolis: figuras diabólicas ( Santa Gertrudis, 1756); " El carácter y la fuerza del gran pueblo que habitó las cabeceras del Magdalena, ( Francisco José de Caldas, 1797); " Núcleos de naciones bastante civilizadas.... que tenían ya una teogonía completa" ( A. Codazzi, 1857); " .... una extraña civilización que se extendió a otras regiones, debió haber venido de alguna parte, y estar, por consiguiente, relacionada con otros centros de cultura" ( C. Cuervo M., 1982); " sentimientos religiosos", expresados por un pueblo de artistas ( K. Preuss, 1913); "el hombre... que no pensaba en si mismo sino en poderes sobrenaturales y en la vida de ultratumba" (Pérez de Barradas, 1936); " el transcurso de siglos de formación, clasicidad y decaimiento" ( Duque G. y Cubillos, desde 1941 a 1993); la urgida " definición de una territorialidad de la cultura" y la búsqueda de explicaciones cosmológicas y chamánicas a la cultura megalítica ( H. Llanos, 1990 - 2000); la unidad iconológica simbólica y mitopoética, que conduce a una pregunta clave: "¿ Qué relación puede haber entre un caimán y un útero en el pensamiento salvaje?" ( C. Velandia, 1995); hasta llegar a las indagaciones inéditas de Carlos Sánchez, descubridor, posiblemente, del Centro Ceremonial inicial ubicado en Isnos, lo que daría cuenta del devenir de una cultura frente a posturas difusionistas ( Reichell Dolmatoff, 1970), que suelen olvidar la fuerza del trabajo social que permite desarrollos inusitados diversos de los pueblos " escogidos ", con lo cual reivindica al maestro Sánchez el devenir de la cultura Ullumbe.

Eso dejando de lado a quienes han ahondado en el estudio de la vivienda, la vida cotidiana, la cerámica y la orfebrería, tanto como la especulación extraterrestre, no solo de las culturas clásicas sino de los territorios cercanos, recientemente involucrados a la investigación, ampliando el área de Isnos y San Agustín a Gigante, La Plata y Tierradentro, con quienes existen contactos culturales cercanos y naturales. Porque las mímesis propias con antecedentes Aztecas y Mayas ( de Toltecas a Olmecas, por mencionar las mas relacionadas), así como las que precedieron a la gran cultura incaica (de Chavin de Huantar a loe textileros de Nazca), apenas se esbozan todavía, para negar o puntualizar lo que intuyera Preuss y no puede probarse: San Agustín fue la matriz de las otras culturas primigenias de Nuestra América.

Por supuesto, cada generación acude al pasado para tratar de hallar respuestas a su presente, con lo cual lo que puede ocurrir a veces, es que la lectura realizada suele hablarnos mas del lector que del texto referido. Así podemos ver el hallazgo cristiano de Santa Gertrudis, el carácter patriótico en busca de raíces en el sabio Caldas, la valoración libertaria de Codazzi, el positivismo naturalista de Cuervo, el clasicismo del alemán Preuss, el cientificismo clasificatorio de Duque, el culturalismo de Llanos, el estructuralismo dialéctico de Velandia, el neomarxismo de Sánchez y también la especulación " nueva era" de Fajardo en su San Agustín, Una Cultura Alucinada. Más lo importante no es casarnos con cada aproximación para afrontar la otra, sino esforzarnos por aprehender una cultura que nos precede, nos deslumbra, pero aún no hacemos nuestra, ni siquiera porque haya sido declarada patrimonio de la humanidad.

Entonces, aquí nos empeñamos algunos - publicaciones, encuentros, seminarios, diplomados - en recuperarnos por las lecciones que nos brinda el pueblo creador de los megalitos: Una organización social que prefiere tributar a sus muertos - no, alerta Sánchez: en 1000 años ( del 100 a. E. al 800 n. E.) solo pueden darse mil estatuas, lo que impide inferir que hubo un conglomerado de artistas dedicados a la talla, si acaso alguna familia especializada; pero hay mas: contra el decir dualista de tantos estudiosos, los templos, los rituales, la estatuaria, se construye para ofrendar la vida, a la reproducción de la naturaleza - a solazarse en la construcción de palacios a lo Azteca, Inca y Maya, seguramente puede sugerirnos el camino de la trascendencia espiritual en un mundo actual de hirsuto materialismo; una comunidad en donde mujeres ( expresadas naturalisticamente sobre todo en Isnos) y artistas ( Tañedora de flauta y guardianas de cincel y mazo) son llevados a la representación junto a los dioses titulares y no relegados y marginados de las decisiones colectivas; una sociedad que puede tener excedentes para mantener artistas espiritualizados y no casta parásitas guerreras, como pauta de escolarización de los hermanos, debe apartarnos de prácticas siempre impuestas y mantenidas en la cultura occidental; una colectividad capaz de racionalizar su relación con el ambiente de tal modo que funcionaliza la tierra para garantizar su demografía, la piedra para tallar lo indispensable, el barro para cocer con durabilidad y el oro para lograr la magnificencia integradora de contrarios en el " pez volador", y en la concepción holística que no contrapone vida/muerte, arriba/abajo, dentro/fuera, etc., porque antes que necrópolis es erópolis que garantiza la permanencia de la colectividad, merece que la internalicemos para resistir la imposición antinatural y antihumana del atroz devenir occidental, culminantemente hórrido en el capitalismo agonizante.

Máxime cuando la regresión impuesta desde la colonia a nuestro estrecho valle triste, a conducido en mas de 500 años a una degradación vital sin atenuantes: Los herederos de la cultura Ullumbe somos los terceros productores de petróleo del país y de regalía esquilmadas por la casta dirigente donde no tenemos sino ejemplos de inequidad; en nuestro haber están los índices de postergación contundente del país: Mas del 20% del analfabetismo, niñez en grave desnutrición, SIDA en aumento alarmante, desempleo en mas del 20%, bajísima calidad de la educación, aumento de prostitución y alcoholismo, nulas formas organizativas independientes, decaída producción agropecuaria donde no existen fabricas ni industrias, altísimos índices de suicidio y cáncer sin investigaciones serias al respecto, nulidad de horizontes y paradigmas para los jóvenes. Eso explicaría la inercia, la abulia, la indolencia que nos caracteriza a nivel nacional con el personaje del "Celio" y el "Opita", que pareciera no decir nada a nuestros congéneres.

DOS:

Recuperarnos de tamaña postración a la que se suma la influencia medíatica que imprime la desidentidad y el servilismo consumista, obliga a esfuerzos colosales: Volver los ojos a la cultura megalítica para proponerla a los jóvenes como posibilidad de herencia cultural que aun no es propicia para conjurar los monstruos enajenados de la actualidad, obligaría al establecimiento de la cátedra Agustiniana continua y extensiva a todos los municipios del departamento y a los de la región Surcolombiana. Tenemos dos experiencias valiosa al respecto, en Neiva y Garzón, donde hemos calificado unos sesenta profesores y estudiosos, con un currículo adecuado y desarrollado por investigadores de calidad: Héctor Llanos, Cesar Velandia, Carlos Sánchez y Tirso Polanco, pero no solamente con la cátedra Agustiniana podríamos echar bases apara nuestra resistencia autoconstructiva: tenemos que pensar en la cátedra Riveriana, y en ultimas, una cátedra Huilense que nos permita superar las "Huilensidades" de costurero tanto como la vergüenza de nuestra desvaída comarca, concepción impuesta de fuera y por los clanes dominantes.
Aquí donde el balance de nuestra herencia cultural pasa por la ignorancia de la resistencia Yalcona al invasor español, la incertidumbre de la gesta comunera de 1781, las heroínas fusiladas en la lucha emancipadora de 1810, la erguida enseña libertaria y democrática de Rojas Garrido y de su continuador Matiz, la batalla decisiva de Matamundo en la Guerra de los Mil Días que dejara como secuela la conservatizacion del Huila, los aportes de José Eustasio Rivera que podría servir de base para la refundición regional, al igual que los de su primo el dramaturgo que partió en dos la historia del teatro colombiano, ignorancia que toma vuelo racista cuando despreciamos a los desterrados de Amazonia y Orinoquia que llegan a nuestro pobre lar, familiares y conocidos que en la década del 50 tuvieron que huir del conservatizado lugar para poblar las soledades que ahora les resultan adversas por obra de la guerra que nos ronda en los propios territorios y entre los vecinos. Aquí, pues, donde no nos movió el terremoto del 67 ni la fementida ruptura de la represa ni la avalancha del Páez; aquí donde la Universidad Surcolombiana - el centro de Alta Cultura de la Región - no tiene los libros fundamentales sobre San Agustín ni sobre Rivera, ni nada sobre nuestros compositores folclóricos de talla nacional, pero si adoptó las peores formas corrompidas del clientelismo; aquí donde el único convocante es un festival etílico llamado folclórico para que los capitalinos se "peguen la rodadita Sanpedrina", aquí si que necesitamos echar raíces, volver a mirarnos desde el inicio, recontar los pasos buscando sentido a la vida, recuperando herencias de dignidad y desechando infundios "universales" de doblegamiento a culturas impuestas para beneficio de los mercaderes del mundo y menosprecio de nuestro lar tan fecundo y tan desconocido.

Que no podemos devenir ciudadanos ni conformar Región Surcolombiana - en busca de reconstruir el país - si ignoramos nuestra herencia rica y sabia, degradada por la imposición de experiencias y agresiones foráneas, olvidadizas del integral principio Martiano: " Injertese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el nuestro".

Ojala en este Centenario del Departamento se cumplieran anhelos de recuperación identitaria, desde la extensión de la cátedra Agustiniana a todos los colegios, hasta la edición de textos fundamentales - de la Cultura Megalítica a la obra Riveriana - para que conozcamos nuestra herencia, salgamos de la opitud y de la minoría de edad.

LA CULTURA AGUSTINIANA

CONGRESO INTERNACIONAL DE TURISMO ARQUEOLÓGICO
CULTURA AGUSTINIANA: NÚCLEO DE RESISTENCIA IDENTITARIA



LUÍS ERNESTO LASSO


Nacido en Palermo – Huila, estudió Español en la Universidad Pedagógica Nacional y es Master en Literatura Hispanoamericana de la Universidad Javeriana de Bogotá y tiene estudios terminados en doctorado en Literatura Comparada en la Universidad de Granada (España). Entre su larga trayectoria, el Dr. Lasso ha sido galardonado en varias ocasiones en reconocimiento a su trabajo literario, entre otros por la Casa de las América, y con la beca Colcultura, sobre el cuento en 1992. Como promotor y gestor, ha sido creador de las Revista de la Universidad Surcolombiana “Región y Cultura”, de la cual se editaron 20 números, y en 2004 de Insurgentes; así mismo fue fundador de la revista Teorema en Bogotá, y de los Encuentros Nacionales de Escritores en Neiva, que se celebran desde 1994. Entre sus publicaciones más recientes se menciona en artículo “El Río, el Desierto y el Hombre”, en “Ecosistemas Estratégicos del Huila” de Alfredo Olaya Amaya, 2003.





UNO:

Los vecinos del Macizo Colombiano hace 20 siglos no pensaban que sus admirados descendientes pudieran desentrañar de sus artísticas obras escultóricas - punto culminante de cualquier civilización -, motivos suficientes para configurar el ser, en contraste con el desvanecimiento uniforme que impone la cultura de la globalización.

Tampoco lo sospecharon los viajeros e investigadores que han visto diversos elementos en la necrópolis: figuras diabólicas ( Santa Gertrudis, 1756); " El carácter y la fuerza del gran pueblo que habitó las cabeceras del Magdalena, ( Francisco José de Caldas, 1797); " Núcleos de naciones bastante civilizadas.... que tenían ya una teogonía completa" ( A. Codazzi, 1857); " .... una extraña civilización que se extendió a otras regiones, debió haber venido de alguna parte, y estar, por consiguiente, relacionada con otros centros de cultura" ( C. Cuervo M., 1982); " sentimientos religiosos", expresados por un pueblo de artistas ( K. Preuss, 1913); "el hombre... que no pensaba en si mismo sino en poderes sobrenaturales y en la vida de ultratumba" (Pérez de Barradas, 1936); " el transcurso de siglos de formación, clasicidad y decaimiento" ( Duque G. y Cubillos, desde 1941 a 1993); la urgida " definición de una territorialidad de la cultura" y la búsqueda de explicaciones cosmológicas y chamánicas a la cultura megalítica ( H. Llanos, 1990 - 2000); la unidad iconológica simbólica y mitopoética, que conduce a una pregunta clave: "¿ Qué relación puede haber entre un caimán y un útero en el pensamiento salvaje?" ( C. Velandia, 1995); hasta llegar a las indagaciones inéditas de Carlos Sánchez, descubridor, posiblemente, del Centro Ceremonial inicial ubicado en Isnos, lo que daría cuenta del devenir de una cultura frente a posturas difusionistas ( Reichell Dolmatoff, 1970), que suelen olvidar la fuerza del trabajo social que permite desarrollos inusitados diversos de los pueblos " escogidos ", con lo cual reivindica al maestro Sánchez el devenir de la cultura Ullumbe.

Eso dejando de lado a quienes han ahondado en el estudio de la vivienda, la vida cotidiana, la cerámica y la orfebrería, tanto como la especulación extraterrestre, no solo de las culturas clásicas sino de los territorios cercanos, recientemente involucrados a la investigación, ampliando el área de Isnos y San Agustín a Gigante, La Plata y Tierradentro, con quienes existen contactos culturales cercanos y naturales. Porque las mímesis propias con antecedentes Aztecas y Mayas ( de Toltecas a Olmecas, por mencionar las mas relacionadas), así como las que precedieron a la gran cultura incaica (de Chavin de Huantar a loe textileros de Nazca), apenas se esbozan todavía, para negar o puntualizar lo que intuyera Preuss y no puede probarse: San Agustín fue la matriz de las otras culturas primigenias de Nuestra América.

Por supuesto, cada generación acude al pasado para tratar de hallar respuestas a su presente, con lo cual lo que puede ocurrir a veces, es que la lectura realizada suele hablarnos mas del lector que del texto referido. Así podemos ver el hallazgo cristiano de Santa Gertrudis, el carácter patriótico en busca de raíces en el sabio Caldas, la valoración libertaria de Codazzi, el positivismo naturalista de Cuervo, el clasicismo del alemán Preuss, el cientificismo clasificatorio de Duque, el culturalismo de Llanos, el estructuralismo dialéctico de Velandia, el neomarxismo de Sánchez y también la especulación " nueva era" de Fajardo en su San Agustín, Una Cultura Alucinada. Más lo importante no es casarnos con cada aproximación para afrontar la otra, sino esforzarnos por aprehender una cultura que nos precede, nos deslumbra, pero aún no hacemos nuestra, ni siquiera porque haya sido declarada patrimonio de la humanidad.

Entonces, aquí nos empeñamos algunos - publicaciones, encuentros, seminarios, diplomados - en recuperarnos por las lecciones que nos brinda el pueblo creador de los megalitos: Una organización social que prefiere tributar a sus muertos - no, alerta Sánchez: en 1000 años ( del 100 a. E. al 800 n. E.) solo pueden darse mil estatuas, lo que impide inferir que hubo un conglomerado de artistas dedicados a la talla, si acaso alguna familia especializada; pero hay mas: contra el decir dualista de tantos estudiosos, los templos, los rituales, la estatuaria, se construye para ofrendar la vida, a la reproducción de la naturaleza - a solazarse en la construcción de palacios a lo Azteca, Inca y Maya, seguramente puede sugerirnos el camino de la trascendencia espiritual en un mundo actual de hirsuto materialismo; una comunidad en donde mujeres ( expresadas naturalisticamente sobre todo en Isnos) y artistas ( Tañedora de flauta y guardianas de cincel y mazo) son llevados a la representación junto a los dioses titulares y no relegados y marginados de las decisiones colectivas; una sociedad que puede tener excedentes para mantener artistas espiritualizados y no casta parásitas guerreras, como pauta de escolarización de los hermanos, debe apartarnos de prácticas siempre impuestas y mantenidas en la cultura occidental; una colectividad capaz de racionalizar su relación con el ambiente de tal modo que funcionaliza la tierra para garantizar su demografía, la piedra para tallar lo indispensable, el barro para cocer con durabilidad y el oro para lograr la magnificencia integradora de contrarios en el " pez volador", y en la concepción holística que no contrapone vida/muerte, arriba/abajo, dentro/fuera, etc., porque antes que necrópolis es erópolis que garantiza la permanencia de la colectividad, merece que la internalicemos para resistir la imposición antinatural y antihumana del atroz devenir occidental, culminantemente hórrido en el capitalismo agonizante.

Máxime cuando la regresión impuesta desde la colonia a nuestro estrecho valle triste, a conducido en mas de 500 años a una degradación vital sin atenuantes: Los herederos de la cultura Ullumbe somos los terceros productores de petróleo del país y de regalía esquilmadas por la casta dirigente donde no tenemos sino ejemplos de inequidad; en nuestro haber están los índices de postergación contundente del país: Mas del 20% del analfabetismo, niñez en grave desnutrición, SIDA en aumento alarmante, desempleo en mas del 20%, bajísima calidad de la educación, aumento de prostitución y alcoholismo, nulas formas organizativas independientes, decaída producción agropecuaria donde no existen fabricas ni industrias, altísimos índices de suicidio y cáncer sin investigaciones serias al respecto, nulidad de horizontes y paradigmas para los jóvenes. Eso explicaría la inercia, la abulia, la indolencia que nos caracteriza a nivel nacional con el personaje del "Celio" y el "Opita", que pareciera no decir nada a nuestros congéneres.

DOS:

Recuperarnos de tamaña postración a la que se suma la influencia medíatica que imprime la desidentidad y el servilismo consumista, obliga a esfuerzos colosales: Volver los ojos a la cultura megalítica para proponerla a los jóvenes como posibilidad de herencia cultural que aun no es propicia para conjurar los monstruos enajenados de la actualidad, obligaría al establecimiento de la cátedra Agustiniana continua y extensiva a todos los municipios del departamento y a los de la región Surcolombiana. Tenemos dos experiencias valiosa al respecto, en Neiva y Garzón, donde hemos calificado unos sesenta profesores y estudiosos, con un currículo adecuado y desarrollado por investigadores de calidad: Héctor Llanos, Cesar Velandia, Carlos Sánchez y Tirso Polanco, pero no solamente con la cátedra Agustiniana podríamos echar bases apara nuestra resistencia autoconstructiva: tenemos que pensar en la cátedra Riveriana, y en ultimas, una cátedra Huilense que nos permita superar las "Huilensidades" de costurero tanto como la vergüenza de nuestra desvaída comarca, concepción impuesta de fuera y por los clanes dominantes.
Aquí donde el balance de nuestra herencia cultural pasa por la ignorancia de la resistencia Yalcona al invasor español, la incertidumbre de la gesta comunera de 1781, las heroínas fusiladas en la lucha emancipadora de 1810, la erguida enseña libertaria y democrática de Rojas Garrido y de su continuador Matiz, la batalla decisiva de Matamundo en la Guerra de los Mil Días que dejara como secuela la conservatizacion del Huila, los aportes de José Eustasio Rivera que podría servir de base para la refundición regional, al igual que los de su primo el dramaturgo que partió en dos la historia del teatro colombiano, ignorancia que toma vuelo racista cuando despreciamos a los desterrados de Amazonia y Orinoquia que llegan a nuestro pobre lar, familiares y conocidos que en la década del 50 tuvieron que huir del conservatizado lugar para poblar las soledades que ahora les resultan adversas por obra de la guerra que nos ronda en los propios territorios y entre los vecinos. Aquí, pues, donde no nos movió el terremoto del 67 ni la fementida ruptura de la represa ni la avalancha del Páez; aquí donde la Universidad Surcolombiana - el centro de Alta Cultura de la Región - no tiene los libros fundamentales sobre San Agustín ni sobre Rivera, ni nada sobre nuestros compositores folclóricos de talla nacional, pero si adoptó las peores formas corrompidas del clientelismo; aquí donde el único convocante es un festival etílico llamado folclórico para que los capitalinos se "peguen la rodadita Sanpedrina", aquí si que necesitamos echar raíces, volver a mirarnos desde el inicio, recontar los pasos buscando sentido a la vida, recuperando herencias de dignidad y desechando infundios "universales" de doblegamiento a culturas impuestas para beneficio de los mercaderes del mundo y menosprecio de nuestro lar tan fecundo y tan desconocido.

Que no podemos devenir ciudadanos ni conformar Región Surcolombiana - en busca de reconstruir el país - si ignoramos nuestra herencia rica y sabia, degradada por la imposición de experiencias y agresiones foráneas, olvidadizas del integral principio Martiano: " Injertese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el nuestro".

Ojala en este Centenario del Departamento se cumplieran anhelos de recuperación identitaria, desde la extensión de la cátedra Agustiniana a todos los colegios, hasta la edición de textos fundamentales - de la Cultura Megalítica a la obra Riveriana - para que conozcamos nuestra herencia, salgamos de la opitud y de la minoría de edad.



LA ARQUEOLOGIA COMO CIENCIA

LA ARQUEOLOGÍA COMO CIENCIA, EL TURISMO COMO NEGOCIO.
ALGUNAS IDEAS PARA HACERLOS COMPATIBLES EN GUATEMALA

JOSÉ E. BENÍTEZ
Universidad de San Carlos de Guatemala-Archaeology Ecotours

Licenciado en Arqueología de la Universidad de San Carlos de Guatemala y Master en Arqueología de la Universidad de PITTSBURG de Estado Unidos. Se ha desempeñado como investigador en el Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas de la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala, en la Dirección General de Investigación de la USAC. Actualmente es gerente general de Archaelogy Ecotours, ha sido distinguido con la Beca Fulbright – Laspau para la Universidad del Estado de Oregon y ha sido varias veces galardonado, entre otros por el Center for Latin American Studies de la Universidad de Pittsburg, por el mejor proyecto para realizar estudios de campo. Entre sus más recientes trabajos arqueológicos se destacan el Proyecto Etnohistórico de la Formación y Desarrollo de San Miguel Dueñas, y el Proyecto Etnohistórico de la Formación y Desarrollo de San Pedro Yepocapa. Entre sus publicaciones más recientes se mencionan el Códice de Chugüilá* y la Arqueología de San Miguel Dueñas.


El entorno
La arqueología y el turismo señalan que a Guatemala hay que verla dentro de un contexto conocido como Mesoamérica. Comprende a las naciones de México, El Salvador, Belice, Honduras, y Guatemala. Dentro de este dilatado territorio se comparten estilos culturales, formas de vida, paisaje, naturaleza, etc. muy similares. La definición, de inicio, era un criterio puramente arqueológico y antropológico. En la actualidad, también los negocios de turismo hacen uso del término para poder presentar de una forma coherente y novedosa, un amplio paquete de posibilidades para el ocio y esparcimiento. Aprovechando esta situación, los estrategas del turismo internacional crearon un concepto de viajar que llamaron la Ruta Maya. Esta pasa por las cinco naciones mostrando principalmente los antiguos centros ceremoniales mayas más espectaculares, playas, selvas, ríos, pueblos indígenas, ciudades coloniales y modernas. El eje que sirve de pivote es la arqueología, ayudada quizá por el hecho de tratarse de un territorio habitado exclusivamente por el grupo étnico maya desde hace 4 mil años.
Esta combinación de dos disciplinas, arqueología y turismo, no ha rendido por igual las enormes ganancias económicas que se generan. Más bien la arqueología pasa a jugar un papel de proveedor que el turismo aprovecha exclusivamente para su beneficio. Toda esta actividad produce contradicciones que necesitan ser solventadas para no perder oportunidades de darles más trabajo a pueblos que lo necesitan.
Sirva esta breve presentación para difundir ideas, ya que los contextos sociales de Colombia y Guatemala se parecen bastante. Se hace referencia a los siguiente problemática: los hallazgos fortuitos, los museos regionales, promociones en el exterior, las colecciones itinerantes, parques arqueológicos, el caso de Chisec.
Hallazgos arqueológicos fortuitos. Qué hacer con ellos.
Un señor abriendo un agujero en el patio de su casa descubre un altar de piedra que pertenece a la pre-historia Maya del Clásico Temprano (200-400 DC). Por pesar la roca aproximadamente 2 toneladas y media, el sujeto no la vendió. Pero sí la golpeó con una almádana para ver si contenía oro, según la creencia de algunos pueblos cuando aparece esta clase de hallazgos. El monumento se encuentra en medio de la plaza B de Cakhay, sitio arqueológico del clásico temprano. El primero en darse cuenta del hallazgo fue un anticuario italiano, después los arqueólogos, siguió la autoridad, para finalmente apropiarse de ella los sacerdotes que ofician la religión Maya. El comerciante se fue triste, los arqueólogos dieron consejos para dar lugar a la investigación, la autoridad llegó amenazando, y los religiosos celebrando según costumbres milenarias.
Las autoridades del IDAEH (Instituto de Antropología e Historia) se presentaron con la amenaza de confiscar la pieza ya que, según dijeron, pertenecía al estado. Se le consiguió un abogado a Don Julián quien demostró ser el dueño legal. Todos los que intervinieron lo hicieron con el propósito de ver qué le sacaban al descubrimiento. Los sacerdotes indígenas se encargaron de hacer fiesta al cumplir la piedra el primer aniversario de su aparecimiento. ¿Por qué no hacerlo todos los días? ¿Cómo? Abriéndolo como un destino turístico dirigido a los amantes de la arqueología o de la aventura. Con eso se ayuda a la economía del pueblo, se da a conocer un sitio más, y se consiguen fondos para proseguir con las investigaciones que fueron postergadas hace mucho en esa zona del altiplano.
Que esto fuera un caso aislado se estaría sugiriendo hacer una chifladura, pero el país es rico en esta clase de hallazgos. Un ejemplo es la cabeza con espiga que se encuentra frente a rectoría de la Universidad de San Carlos de Guatemala que muy pocos saben a dónde pertenece. Un tour arqueológico del altiplano puede incluir una visita a la ciudad universitaria para ver al dios que emerge de la boca de la serpiente.
Los Museos regionales
Esta institución va de la mano con los hallazgos fortuitos, los cuales alimentan las colecciones que son objeto de estudio para después mostrarlos al público. Los museos sostenidos por el estado, en muy raras ocasiones, reciben ayuda de parte de la iniciativa privada. Precariamente se mantienen para poder sobrevivir. Cuando hay recortes de presupuesto por parte del gobierno hasta el papel higiénico les quitan. Esta clase de exhibición tiene que existir donde hay ricos testimonios arqueológicos, ya que además de hablar de historia, refuerzan la identidad nacional, son un punto de partida para crear un presente sin distorsión por parte de la historia oficial, y generan admiración e interés por aprender. El museo regional puede llegar a reunir colecciones de artefactos rescatados en determinada zona arqueológica, mostrando a varios de lo sitios que se encuentran dentro de sus confines.
En la actual situación nacional sería pecar de optimista si se dijera que se vislumbra una esperanza para que arranque la construcción de museos arqueológicos en los departamentos del país. Independiente de lo estatal, hay dos maneras para poder negociarlos: con ayuda internacional, y la de las cámaras de turismo. A estos últimos hay que hacerles ver que es una inversión la que se hace al obtener ellos de una forma directa los beneficios que dejan los visitantes.
El negocio del turismo se ha llegado a saturar de "más de lo mismo", sin querer ver más allá de lo que se está vendiendo ya que eso implica compromiso. Siguiendo ese orden, los museos podrían ser financiados por los hoteles, el transporte, restaurantes, o sea lo que representa las fuerzas vivas de ese gremio. Con un buen entrenamiento los interesados de cada comunidad se pueden convertir en gestores de la cultura al buscar los fondos necesarios, después de la presentación de un proyecto convincente dirigido a los empresarios de turismo, que dé resultados económicos a corto, mediano, y largo plazo.
Promoción en el exterior.
Como es costumbre, las embajadas de Guatemala en el extranjero tienen dentro de su personal un representante de INGUAT (Instituto Guatemalteco de Turismo) quien se encarga del negocio de la promoción principalmente en países que son potenciales generadores de visitantes. Sin ánimo de ofender, sus resultados han de ser muy modestos. El mundo ha cambiado, hay que invertir para obtener producto a mediano y a largo plazo sin usar los modelos tradicionales que resultan obsoletos. Otras naciones ya lo han hecho y están obteniendo buenos frutos. Entre estas cosas novedosas es tener una oficina permanente con personal calificado que venda los destinos arqueológicos del país en aquellas ciudades del mundo que tengan potencial para querer conocer a los mayas. Que no se limiten a entregar volantes, sino que se haga promoción en universidades, gremios de profesores, los colegios más representativos, y gestionar conciertos donde se muestre la cultura del país por medio de la música, principalmente entre la gente joven. Paralelo a esto, el INGUAT tiene que estar invitando a personas claves de mercados no tradicionales para que visiten el país con todo pagado, lo que se conoce como Fun Tour. Los arqueólogos nacionales pueden ayudar con conferencias donde se de a conocer qué es lo que se tiene.
Las colecciones arqueológicas itinerantes
Son embajadoras a las que no hay que pagarles nada, sólo dárselas a quienes las van a cuidar con esmero. En Guatemala se da el caso que en el Museo Nacional de Arqueología la colección que se muestra al público palidece si se compara con lo que se guarda en las bodegas, que por cierto ya es muy pequeña ante lo que se ha depositado producto de investigaciones de campo. Otra razón más para la creación de museos regionales.
Es innegable que el impacto visual que origina una muestra artística de calidad, es mejor que leer el libro, o verlo en la TV. Los grandes vendedores de arqueología del mundo lo están haciendo. Comienzan con una inocente, bella, mística, pequeña, muestra de lo que puede ofrecer una cultura. Previo estudiar al posible consumidor que por seguro se interesará por conocerla. A mediano plazo un porcentaje de los que la vieron viajarán en no menos de dos años. Mediante este sistema se venden las ruinas y atrás vienen los demás negocios. Por parte del INGUAT no ha habido una política en torno al uso de este recurso; los funcionarios de turno siguen con los modelos tradicionales de promoción que son los que generan negocios para los que ayudaron en la campaña política. Ya se ha intentado organizar un movimiento donde sean varias colecciones las que salgan para vayan a generar divisas a mercados potenciales por parte de operadores de turismo; pero a la hora de las negociaciones entre los burócratas surgen cortapisas que van echando a tierra la idea. El caso es que INGUAT maneja un presupuesto aproximado de US$15 millones anuales. Los directores no duran mucho en el puesto. En los últimos seis años ha habido siete, desde militares, hoteleros, publicistas, y cultora de belleza. Eso demuestra que el negocio no ha sido atendido de una forma competitiva, sino política. Hay que poner a vendedores de éxito que sean cultos y viajados a dirigir la institución, y que no aprovechen el cargo sólo para salir a pasear a costa del erario nacional.
Parques arqueológicos
Una gran cantidad de centros ceremoniales mayas se encuentran en terrenos privados, generalmente de campesinos que no saben por qué están esos cerros que a fuerza de golpe de azadón cada año lo rebajan más. Se pueden salvar creando una categoría que se llame "Parque Arqueológico" donde sólo los montículos, plazas, restos cerámicos, y plantas que ayuden a crear el paisaje puedan estar. Este negocio lo pueden manejar las autoridades municipales, o bien, la iniciativa privada a manera de concesión por un tiempo limitado. Es un potencial generador de trabajo en zonas de producción tradicional como la agricultura.
En la actualidad existe un proyecto elaborado por un arqueólogo norteamericano que ha trabajado en las ruinas de Nakbé, las que se encuentran dentro del mismo territorio de El Mirador, en el norte de El Petén. El proyecto se denomina "Cuenca del Mirador" y se trata de la creación de un mega-parque arqueológico donde no habrá carreteras formales, sino senderos, y pequeñas pistas de aterrizaje para aviones pequeños. Será prohibido el corte de cualquier árbol, perseguidos los cazadores de animales silvestres, y una tropa de guarda recursos armados que velarán por la integridad de este enorme territorio. Para conocer los numerosos sitios es necesario como mínimo cinco días acampando al aire libre. El proyecto ha encontrado oposición principalmente entre los madereros, a quienes gobiernos anteriores les dieron en concesiones esa parte de la selva para sustraer maderas finas.
¿De dónde saldrá la plata para el arranque? De ayudas internaciones que ven con buenos ojos un parque de esta naturaleza, pues con ello no sólo se conservan estas importantes ruinas mayas, se crean fuentes de trabajo, y se conserva el germoplasma de una región que aún se desconoce la flora que contiene.
Chisec, un caso de creación eco-turística.
Durante el conflicto armado interno algunas comunidades sufrieron la violencia a tal grado que se vieron obligados a abandonar sus pueblos y huir antes que fueran asesinados. Este es el caso de Chisec, cuya población indígena de la etnia Keckchí, se fue a vivir a las montañas circundantes huyendo de la guerra. Con la firma de la paz en 1996, muchas de estas comunidades desarraigadas regresaron al terruño para comprobar que estaban más pobres que antes. Una de las soluciones para crear fuentes de trabajo fue hacer de la zona un destino eco-turístico aprovechando las riquezas naturales circundantes, la aproximación de otros atractivos como lo son el monumental sitio arqueológico Cancuén, y las cuevas de Candelaria. Gracias al trabajo de jóvenes de la comunidad, iniciativa privada, y organismos extranjeros, se logró crear una fuente de ingreso no conocida anteriormente para favorecer a la población local. Se comenzó con la selección de los lugares, creación de la infraestructura que daría sustento al proyecto, para terminar con el entrenamiento a las personas que participarían en el sostenimiento del negocio de turismo. Esto dio oportunidad a una gama de personal a participar en una actividad novedosa, alejada de las tradicionales fuentes de trabajo. Desde un centro de cómputo manejado por jóvenes con educación secundaria, guías que conducen por los senderos interpretativos, lancheros, señoras que sirven un almuerzo típico en un salón habilitada para ese caso. Se encuentran apoyados por jóvenes voluntarios extranjeros que saben de eco-turismo, administración de ese tipo de negocios, por tour operadores que se les mostró el producto cuando ya estaba listo. Existe el ofrecimiento de hacer un hotel ecológico de cuatro estrellas.
Pero muchos que no conocen del negocio del turismo piensan que en un abrir y cerrar de ojos oleadas de visitantes llegarán a conocer lo que se está ofreciendo como la antesala del paraíso. Todo esto toma un proceso que puede tomar varios años para lograr las entradas esperadas. En este caso de Chisec, se ha comenzado con el turista nacional que puede permanecer dos días, para luego incursionar en las ferias internacionales y venderles los paquetes promocionales con la visita de un día. La razón es que los itinerarios son muy apretados, o los hoteles aún no están preparados para recibir determinado tipo de consumidor. El cliente ideal es aquel que regresa al país por una segunda vez y quiere conocer algo diferente. Entonces se prepara un paquete promocional donde se pueda visitar el sitio arqueológico de Cancuén, las cuevas de Candelaria, y Chisec, todo junto en tres días, dos noches. Todos estos atractivos están situados no más allá de 50 kilómetros lo que hace fácil llegar a ellos y lograr los horarios de visita.

Conclusiones
Estas ideas han surgido durante la visita a ferias internacionales, exposiciones en países que aman el arte de determinadas culturas, simposios de arqueología, escuchando la opinión de personas que quieren un avance para sus pueblos, y la experiencia personal.
Probablemente algunas se queden como lo son: un sueño. La factibilidad de que se ejecuten depende muchas veces de terceras personas cuyos intereses no siguen los de un arqueólogo interesado en su profesión. Pero el convencimiento existe en que se pueden hacer y que es fácil lograr resultados.
Por otro lado los esfuerzos que hacen las autoridades señaladas para que Guatemala participe en los negocios de turismo internacionales, no siempre van al ritmo de las circunstancias. Vicios heredados de otras administraciones las siguen minando, dando resultados que no coinciden con lo que dicen que hacen.
El criterio que prevalece en esta línea de pensamiento, es que la conducción del negocio de turismo debería de estar en manos privadas. Además, de parte de este negocio tiene que haber más ayuda, más apertura, para que las ganancias que genera esta industria sean repartidas entre las comunidades donde existen los destinos que proporcionan el entretenimiento, o sea, practicar el verdadero eco-turismo y con eso ir matando la pobreza que agobia a los pueblos.

TERRITORIO ARQUEOLOGICO Y NUEVAS RUTAS TURISTICAS

TERRITORIO COSMOLOGICO Y NUEVAS RUTAS TURÍSTICAS DE LA REGION ARQUEOLOGICA DE SAN AGUSTIN


HÉCTOR LLANOS VARGAS
Profesor Emérito
Universidad Nacional de Colombia

Historiador y arqueólogo, profesor Emérito de la Universidad Nacional de Colombia. Ha realizado investigaciones arqueológicas y etnohistóricas sobre el suroccidente y la Amazonia de Colombia, principalmente sobre la cultura de San Agustín, para la Fundación de investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República, desde el año 1981, cuyos resultados ha publicado y divulgado en el ámbito nacional e internacional en libros, ensayos, artículos y conferencias. Entre ellos sobresalen Los chamanes jaguares de San Agustín, génesis de un pensamiento mitopoético (1995); Montículo Funerario del Alto de Betania (Isnos), territorialidad y espacio de los muertos en la cultura de San Agustín (1995); Viviendas y tumbas en los altos de Lavaderos del valle del río Granadillos, San Agustín (El Rosario), junto con el antropólogo Hernán Ordoñez (1998) y Asentamientos aborígenes en la llanura de Matanzas, tierra fértil de San Agustín (1999). Autor de varios guiones de exposiciones arqueológicas realizadas en el Museo del oro y el Museo Nacional de Colombia; guionista y productor de videos y multimedias sobre las culturas de Tierradentro, San Agustín y Taironas.




El sur del departamento del Huila (municipios de San Agustín, Isnos, Saladoblanco y Pitalito) fue el asiento principal de la cultura de San Agustín, que surgió hacia el segundo milenio antes de Cristo y se desarrolló hasta el 700 d.C. En este largo proceso histórico los aborígenes elaboraron una organización social y formas de producción agrícolas complejas e integradas a una cosmovisión, asociada a la topografía y a los fenómenos climáticos cambiantes de la naturaleza regional. Entre esta última fecha y la llegada de los conquistadores españoles dicho territorio fue ocupado por la cultura de los Yalcones.

El territorio de las culturas de San Agustín y los Yalcones se localiza entre la cordillera Oriental (al Sur y al Oriente) y las altas estribaciones de la cordillera Central correspondientes al Macizo Colombiano, en el que sobresalen varios volcanes como el Sotará, el Puracé y la Sierra Nevada de los Coconucos. En esta topografía se encuentran una gran diversidad de paisajes y climas que van desde las nieves hasta las tierras cálidas, con variedad de regiones de vida natural (bosques y fauna). La región sobresale por sus paisajes montañosos, los profundos cañones del río Magdalena y de sus afluentes como los ríos Quinchana, Mazamorras, Bordones y Sombrerillos entre los principales. Algunos de estos ríos, debido a fallas geológicas, han formado hermosas caídas de agua como el salto de Bordones y la Chorrera o salto de Mortiño.

Los monumentales centros funerarios de la cultura de San Agustín, con sus tumbas y esculturas megalíticas, se encuentran localizados principalmente en los parques arqueológicos de San Agustín (Mesitas), alto de los Idolos y alto de las Piedras, además de otros yacimientos que se encuentran dispersos en la región.

La investigación arqueológica tradicional realizada entre 1913 y 1980 se dedicó principalmente a excavar los grandes centros funerarios y su arte escultórico, sin darle mayor importancia al contexto social y geográfico donde habitó la cultura de San Agustín. Esta situación científica ha cambiado con el Programa de Investigaciones Arqueológicas del Alto Magdalena (PIAAM) realizado por la universidad Nacional de Colombia y el Proyecto de Arqueología Regional del Alto Magdalena (PARAM), llevado a cabo por la universidad de Pittsburg y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), a partir de la década de los ochenta del siglo pasado. Con estos proyectos se ha identificado la complejidad social y cultural en el proceso histórico regional, por intermedio del estudio de las pautas de asentamiento vinculadas al crecimiento demográfico, los cambios climáticos, la potencialidad agrícola de los suelos, las viviendas, los campos de cultivo, la alfarería, la industria lítica, los cementerios con sus tumbas y arte escultórico monumentales.

De acuerdo con la investigación arqueológica tradicional, al visitante se le ha ofrecido el recorrido de una ruta turística que ha tenido como objetivo principal mostrarle los principales sitios arqueológicos y algunos lugares naturales sobresalientes, de manera poco articulada. Los resultados obtenidos con los nuevos enfoques teóricos y metodológicos de la investigación arqueológica, como era de esperarse, han generado la necesidad de replantear la conceptualización de las rutas turísticas, de tal manera que los visitantes puedan apreciar y sentir la territorialidad cósmica y el carácter social, económico y político de sus asentamientos, asociados a los valores etnográficos de sus pobladores modernos.

En el PIAAM también se ha planteado un objetivo en el que se propone una proyección social y educativa de la investigación arqueológica, con la participación de las autoridades y los habitantes de la región. Para lograrlo hacen falta estudios sociales y ecológicos con proyección turística y educativa, que recuperen el legado patrimonial cultural aborigen y lo recreen en el presente, y de esta manera lograr beneficios sociales, económicos y culturales.

El PIAAM ha logrado una propuesta de interpretación de la cultura de San Agustín, que enfatiza el pensamiento chamánico como fundamento de su organización social y política[1]. Las sociedades aborígenes, en las que domina el pensamiento chamánico, consideran la naturaleza y el cosmos como realidades inseparables de las actividades humanas, aspecto que ha permitido identificar en su territorio un modelo cosmológico relacionado con un calendario solar. En la cultura de San Agustín, tanto los centros funerarios (tumbas y esculturas megalíticas), los sitios de vivienda así como los ríos, lagunas, montañas, fenómenos climáticos, bosques y fauna fueron percibidos como espacios mágicos, que están relacionados con sus mitos y ritos de origen y con su concepción de la vida y la muerte.

De los señores principales o chamanes, representados en esculturas, dependió la supervivencia de las comunidades. De su sabiduría dependió la regulación de los ciclos vitales, al entrar en contacto con los espíritus, que así como permiten la vida también pueden causar enfermedades y hasta la muerte.

El paisaje característico de la región lo conforman conjuntos de lomas rodeadas de pequeños valles o tierras bajas. Las cimas de algunos de estos cerros, como las Mesitas del parque arqueológico, los altos de los Ídolos y las Piedras, fueron seleccionadas por los constructores y escultores de la cultura de San Agustín como lugares sagrados, para enterrar los señores principales con poderes mágicos, acompañados de sus parientes, durante el periodo de esplendor de dicha cultura (200 A.C.-700 D.C.).

Cuando llegaron los primeros conquistadores españoles, hacia la primera mitad del siglo XVI, encontraron que las tierras del sur del Huila estaban habitadas por los cacicazgos Yalcones, una sociedad con una organización política y formas de pensamiento diferentes a las de la cultura de San Agustín. Los Yalcones, como lo narran las crónicas de conquista, ofrecieron fuerte resistencia a los capitanes y soldados españoles. A pesar de esta oposición cultural, los Yalcones, finalmente, fueron adoctrinados por los evangelizadores e integrados al sistema colonial.

Nuevas rutas arqueológicas-turísticas

La nueva propuesta tiene como objetivo general establecer una articulación sistemática de los asentamientos habitacionales y los sitios arqueológicos monumentales, con los sitios y fenómenos naturales, de acuerdo con el modelo cosmológico territorial sustentado con la investigación arqueológica.[2] Como el pasado no está desvinculado de las culturas vivas de la actualidad, los valores culturales de los campesinos se integrarán a esta nueva propuesta.

Los cerros y sitios donde se construyeron las obras monumentales (arquitectura y arte escultórico megalíticos), fueron seleccionados a partir de un modelo cosmológico. La investigación arqueológica ha podido constatar que dichas obras fueron orientadas con respecto al movimiento aparente del sol a lo largo del año, lo que permite establecer un calendario solar, o sea, los cambios estacionales (invierno y verano) en los días de solsticio (21 de junio y 22 de diciembre) y equinoccio (21 de marzo y 22 de septiembre)[3].

Las nuevas rutas arqueológicas-turísticas se definirían a partir del modelo cosmológico de la cultura de San Agustín. Se ha podido identificar que el centro territorial cósmico es el cerro de la Horqueta (cono volcánico apagado). A partir de este centro topológico (axis mundi o centro cósmico) se alinean de manera radial los demás centros funerarios monumentales y fenómenos naturales sobresalientes. Por este motivo, dicho cerro sería el punto cero de todas las líneas del modelo cósmico que predeterminan u orientan las nuevas rutas arqueológicas-turísticas.

Las nuevas rutas se reordenarían de acuerdo con los ejes radiales cósmicos y aprovechando las carreteras y los caminos de herradura existentes. De esta manera se integrarían los asentamientos prehispánicos localizados en los municipios de San Agustín, Isnos, Saladoblanco y Pitalito, con la infraestructura turística existente y la red regional de museos propuesta. Aunque las obras de infraestructura turística existentes, se integran a las nuevas rutas arqueológicas-turísticas, surge la necesidad de hacer adecuaciones de las mismas y la realización de nuevas obras (miradores, estaderos), que implique la planificación y la arqueología preventiva, en sitios donde no existen, como en el cerro de la Horqueta.

La mejor manera de visualizar el objetivo propuesto sería la realización de un mapa con las nuevas rutas arqueológicas-turísticas de la región, con sus principales elementos topográficos, ríos, lagunas vinculados a los asentamientos arqueológicos y valores etnográficos. Este mapa tendría una iconografía (convenciones) con sus respectivos significados, que le permitirán al visitante tener acceso, de manera sencilla y directa, a una información sobre los valores naturales, arqueológicos y etnográficos de manera integral.

Tradicionalmente, los valores etnográficos actuales no se les ha dado la importancia que tienen y no han estado articulados sistemáticamente a los programas de turismo arqueológico. En esta propuesta, por el contrario, los valores culturales de los pobladores actuales son considerados como parte fundamental de las nuevas rutas arqueológicas-turísticas. Estos valores culturales al pertenecer a comunidades agropecuarias no se pueden separar de un contexto ecológico.

Para los habitantes de la región y los visitantes sería muy importante comprender no solamente el manejo de la naturaleza en tiempos aborígenes, sino también en tiempos modernos. Lograr que los habitantes de la región y los visitantes puedan establecer un paralelo entre las concepciones y manejos de la naturaleza, por parte de las culturas prehispánicas y las de la sociedad moderna, sería alcanzar la proyección social y cultural de la investigación arqueológica, que precisamente es uno de los objetivos propuestos por el PIAAM.







[1] Héctor Llanos Vargas, Los chamanes jaguares de San Agustín. Génesis de un pensamiento mitopoético. Bogotá, 1995; San Agustín. Pensamiento mágico y territorio cósmico de los chamanes jaguares. En Colombia Patrimonio cultural y natural. Gas Natural S.A., Barcelona, 1999.
[2] Esta propuesta basada en el modelo cosmológico de la cultura de San Agustín, inicialmente, con la participación de Roberto Santos, fue realizada en el proyecto Circuito turístico, arqueológico y ecoturístico suramericano del municipio de Isnos, adelantado por la ONG. Desarrollo, Investigación, Salud, Trabajo, Medio Ambiente, DISTMA (Bogotá, 2004)
[3] Un estudio sobre la orientación de los relieves tallados en las rocas del sitio la Chaquira ha permitido establecer la existencia de un calendario solar: Héctor Llanos, Los chamanes jaguares de San Agustín. Génesis de un pensamiento mitopoético, Bogotá, 1995 ; Arturo Izquierdo, Arqueoastronomía, en Astronomía para todos, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias, Bogotá, 2001.

ARQUEOLOGIA Y TURISMO

ARQUEOLOGÍA Y TURISMO


CARLOS RODRÍQUEZ TORRES
Antropólogo
Docente Investigador, Universidad Externado de Colombia

Antropólogo de la Universidad de Los Andes; Posgrado en Ecología de la Universidad Javeriana; Curso de Especialización sobre “Amazonía Colombiana” de la Universidad de Los Andes; Curso de Especialización sobre “Ecología Aplicada” de la Universidad de Los Andes. Antropólogo y Ecólogo de la extinta Corporación Nacional de Turismo de Colombia, donde laboró desde 1972 hasta 1996, y cuyo último cargo fue el de Director del Desarrollo del Producto Turístico Especializado. Actualmente se desempeña como Docente Investigador en la Facultad de Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras de la Universidad Externado de Colombia, donde ha sido profesor desde 1982 hasta la fecha, y en el momento orienta las cátedras de Geografía Turística y Entorno Ecológico y Sociocultural de Colombia. Ha sido declarado como Profesor Titular, dentro de los Títulos Profesorales que otorga la Universidad Externado de Colombia.




1. EL TURISMO ARQUEOLÓGICO DENTRO DEL CONTEXTO TURÍSTICO

Usualmente se considera el Turismo Arqueológico como una temática específica dentro del Turismo Cultural, como también, dentro del ámbito del ecoturismo se lo ubica dentro del subtipo denominado Turismo Naturalista Directo, si la actividad, dentro de esta modalidad, se concentra en la observación e interpretación de manifestaciones antrópicas del pasado.

Ciertamente el Turismo Cultural involucra a visitantes que muestran gran motivación e interés por conocer y entender manifestaciones humanas del pasado y del presente, muy relacionadas con el patrimonio artístico, arqueológico y cultural (monumentos, museos, lugares de interés arqueológico, histórico, etnográfico, artesanal tradicional y antropológico, entre otros).

Ahora bien, como es de todos conocido, el Turismo Arqueológico es una forma de turismo especializado que se ha venido desarrollando de mucho tiempo atrás a nivel mundial, en países tales como Italia, Egipto, Grecia, Roma, China, México, Perú, Israel y Jordania, entre muchos otros, lo cual también se refleja en Colombia, principalmente en sitios como San Agustín e Isnos (Huila), Tierradentro (Cauca), Ciudad Perdida o Teyuna (Magdalena), Pueblito (Magdalena), El Infiernito (Boyacá), entre otros.

El Turismo Cultural, según la O.M.T., es una de las grandes tendencias turísticas del siglo XXI, que involucra a diferente tipo de turistas, los que, de acuerdo a sus motivaciones, pueden ser pequeños grupos muy interesados en temas específicos, como la Arqueología, por ejemplo, hasta
grandes grupos, “pertenecientes al mercado de vacaciones de masas”, que realizan excursiones muy cortas a sitios culturales en general.

2. LA ARQUEOLOGÍA COMO ATRACTIVO TURÍSTICO

Es evidente que, cada día más, existe un gran interés, por parte del público en general, hacia temas relacionados con la Arqueología, lo cual se demuestra por la nutrida afluencia de turistas a lugares Arqueológicos y la altísima acogida que tienen los programas de televisión cuyo tema es la Arqueología (Discovery Channel, The History Channel, National Geographic Channel, etc.).

Se puede admitir que la Arqueología proporciona al común de la gente una mejor comprensión del pasado humano, a través de diferentes medios, como lo pueden ser los libros, exposiciones, museos, programas de televisión, y por supuesto, las visitas a yacimientos arqueológicos. La Arqueología recrea el desarrollo y evolución de las sociedades y culturas de todos los países del mundo, por lo tanto contribuye al conocimiento y entendimiento de la humanidad en su conjunto, todo lo cual despierta cierta necesidad, gran interés o simplemente curiosidad, por parte de las personas, las que no solamente se limitan a conocer el pasado de la gente de su país de origen, sino el pasado de toda la humanidad, lo cual hace que la Arqueología sea algo que los seres humanos podamos compartir.

Ciertamente la Arqueología, apoyada en sus diferentes especialidades, puede dar respuesta a las muchas inquietudes que la gente pueda tener sobre el pasado del hombre, según el lugar donde habitó, por ejemplo, características de su entorno y el aprovechamiento del mismo para su subsistencia y dieta (Arqueología Ambiental), su organización social (Arqueología Social), sus formas de pensamiento, representaciones, símbolos, interpretación de su arte rupestre y labor escultórica, etc. (Arqueología Cognitiva, Arte y Religión), sus características físicas (Arqueología integrada con la Antropología Física), etc.

En consecuencia, una visita a un yacimiento arqueológico, a quienes gusta y sienten especial fascinación por las sociedades y culturas del pasado, se constituye en una inigualable vivencia, la cual se plasma al poder observar y entender una muestra de la variedad de la experiencia humana, de la cual podemos obtener muchas enseñanzas que también son susceptibles de aplicar en el presente, como lo pueden ser, la diversidad ideológica, formas de pensamiento, métodos agrícolas, técnicas y diseños de construcciones, sistemas económicos y conocimientos médicos, entre otras.

3. CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL PRODUCTO ARQUEOLÓGICO Y DEL TURISTA INTERESADO EN EL MISMO

Los restos arqueológicos han generado una forma de recreación y adquisición de conocimientos, desde las primeras excavaciones, realizadas en el siglo antepasado, de tumbas, construcciones antiguas monumentales, pirámides, palacios, descubrimiento y exposición de momias, etc. Sin embargo, actualmente la tendencia de los consumidores de ésta modalidad de turismo cultural se orienta, no tanto al placer de viajar y recrearse, sino a la obtención de una experiencia muy singular que les permita aprender a profundidad, de una forma científica y didáctica.

Lo anterior sugiere que existe un potencial segmento de demanda con las características ya indicadas, lo cual implica que el producto que se prepare para tal segmento debe estar cuidadosamente diseñado, especialmente en lo que a las actividades y experiencias se trata, de tal forma que respondan plenamente a las expectativas del turista en lo que se refiere a la satisfactoria comprensión del yacimiento arqueológico. Conocer el perfil del consumidor de este tipo de producto, de acuerdo con la tendencia actual, es indispensable a efectos de emprender exitosamente acciones promocionales y de marketing del producto en cuestión.

En cuanto a la estructura del producto turístico arqueológico, cabe resaltar tres componentes que son especialmente relevantes en éste, como los son: a) la calidad, singularidad, representatividad dentro del contexto cultural que muestra, diversidad y estado de conservación, de los atractivos arqueológicos; b) los servicios especializados, específicamente la guianza turística, o la disponibilidad de documentación apropiada, que permitan el correcto entendimiento de los citados atractivos; y c) el adecuado diseño de las actividades. Lo anterior no quiere decir que los demás componentes del producto sean menos importantes, como es el caso de las infraestructuras externas, el equipamiento turístico, etc., pues sobre éstos el turista también guarda muchas expectativas.

De hecho, una de las principales falencias que acusa esta clase de producto, y en no pocos casos, está relacionada con el deficiente desempeño de los guías turísticos que están comprometidos en la entrega del producto. Evidentemente el adecuado concurso del Guía es definitivo para que el turista pueda llegar a obtener una correcta comprensión, con alto grado de satisfacción, del entorno arqueológico que esta visitando, lo cual se logra mediante la elaboración y desarrollo, por parte de dicho profesional, de un guión interpretativo que tenga rigor y fundamento científico, lo que a la postre influirá sensiblemente en la calidad de la experiencia que el turista busca.

4. BONDADES Y COSTOS DEL TURISMO ARQUEOLÓGICO

El turismo arqueológico, cuando se planifica y gestiona bajo el concepto de Turismo Sostenible, proporciona, entre otros, los siguientes beneficios:
- Genera empleo directo a la comunidad receptora, dinamiza y diversifica la economía del lugar.
- Estimula la toma de conciencia sobre el valor de los yacimientos y la imperiosa necesidad de conservarlos.
- Impulsa la creación de grandes y pequeñas empresas turísticas (establecimientos gastronómicos y de alojamiento, almacenes de artesanías, agencias operadoras de turismo, alquiler de vehículos, caballos y otros medios de transporte, etc.).
- Mejora la infraestructura externa de la comunidad.
- Aporta recursos económicos que ayudan a la conservación de los vestigios arqueológicos.
- Pone en valor el patrimonio cultural.
- Para muchos países (caso Egipto, Grecia, México, Perú, Italia e Israel, entre otros), representa una importante fuente de divisas que fortalecen sustancialmente sus economías.
- Fomenta nuevas investigaciones arqueológicas y puede ayudar económicamente a ello.
- Permite a los investigadores en este campo dar a conocer sus descubrimientos, pues se constituye en un gran medio difusor para socializar el resultado de sus investigaciones al público en general.

En cuanto a los costos del turismo arqueológico se pueden identificar, entre otros, los siguientes:
- Estimula, con no poca frecuencia, el saqueo y las excavaciones furtivas (guaquería). Muchas veces los turistas compran, clandestinamente, piezas arqueológicas a los guaqueros. El resto del botín los citados saqueadores suelen venderlo a coleccionistas privados, a museos públicos y privados y a mercados de antigüedades; tampoco es raro observar dicho comercio en ventas callejeras y en tiendas turísticas.
- Produce desgaste físico en algunos yacimientos arqueológicos por la afluencia excesiva de turistas (rebasando ampliamente las capacidades de carga de los citados lugares), o por el vandalismo de los mismos, que generan daños tales como: el desajuste de muros y piedras, erosión, deterioro, desprendimiento y robo de fragmentos, inscripciones, dibujos, rayones, etc.
- Genera la construcción de equipamientos turísticos mal diseñados y sobredimensionados, ubicados muy cerca a los yacimientos arqueológicos.

En una prestigiosa revista se leía: “La nueva plaga de Egipto: los turistas. En unas cuantas décadas, millones de turistas han causado mas daño a los tesoros monumentales de Egipto, que el desgaste que han sufrido durante milenios expuestos al ambiente …”. Casos como este también se presentan en otros lugares arqueológicos que son sometidos a gran presión turística.

La clave para mitigar o neutralizar los impactos negativos anteriormente descritos depende de cómo se planifique, gestione y controle el uso público de los yacimientos arqueológicos protegidos, buscando con ello evitar, que a más de los factores naturales que degradan las citadas estructuras (meteorización, agresión biológica, etc.), el turismo masivo y desorganizado contribuya a deteriorar y destruir el patrimonio en cuestión.

En definitiva, el desarrollo del turismo arqueológico debe propender por maximizar los efectos positivos inherentes a este tipo de turismo y minimizar, hasta donde sea posible, los negativos, partiendo de la premisa de que siempre habrá impactos adversos sobre el recurso.


EL MANEJO DEL PATRIMONIO ARQUEOLOGICO DE COLOMBIA

EL MANEJO DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO EN COLOMBIA



VÍCTOR GONZÁLEZ FERNÁNDEZ PH.D.

Coordinador de Arqueología y Patrimonio
Instituto Colombiano de Antropología e Historia


Antropólogo profesional de la Universidad de los Andes en Bogotá, Magíster (MA) y Doctorado (Ph.D) en Antropología de la University of Pittsburgh, Pensylvania, en los Estados Unidos. Ha realizado investigaciones arqueológicas principalmente en el Norte de Santander y el Sur del Huila, Colombia. Actualmente se desempeña como Coordinador del Grupo de Arqueología y Patrimonio del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, institución gubernamental encargada de la protección, investigación y divulgación del Patrimonio Arqueológico Nacional. Desde el ICANH, coordina y asesora investigaciones arqueológicas en varias regiones del País. El Doctor González es actualmente co-editor de la Revista Arqueología del Área Intermedia, publicación periódica de evaluación por pares coeditada por el ICANH y la Sociedad Colombiana de Arqueología. Ha sido profesor de planta y de cátedra del Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes en Bogotá, en donde formó parte del comité que diseñó el primer programa de Maestría de Arqueología en el país.




El patrimonio arqueológico colombiano, como el de cualquier otro país, incluye una enorme diversidad de artefactos y de restos materiales de las sociedades del pasado. Esos restos son considerados “patrimonio” de la Nación en Colombia por varias razones, y el objetivo de este documento es el de señalar dos grupos de razones opuestas. Al contrastar estas dos clases de razones, se espera convencer al lector de que es mucho más conveniente priorizar, dentrode las políticas públicas, las razones de tipo académico y científico sobre las razones de tipoestético en el manejo de ese patrimonio común.

En el sistema legal colombiano (ver Castellanos 2003), el ámbito de lo arqueológico se ha limitado a los restos físicos de las culturas prehispánicas (antes de 1492) y de la época de la Colonia (antes de 1810). No porque los arqueólogos creamos que los restos arqueológicos de los siglos XIX y XX no sean importantes, sino más bien porque en el sistema legal colombiano, lo arqueológico tradicionalmente equivale a lo “muy antiguo.” Una definición muy general podría, tal vez, vulnerar los derechos de los ciudadanos a la propiedad privada de ciertas clases de objetos antiguos.

¿Obras ó restos materiales?

Para los arqueólogos, un objeto entra a hacer parte de la categoría de arqueológico sólo cuando mantiene una relación lógica con actividades humanas que sucedieron en el pasado. Generalmente, ello implica que los restos han conservado, al menos en parte, su integridad física y sus asociaciones espaciales con otros objetos, y esas condiciones se dan especialmente cuando dichos objetos están sepultados, cubiertos por depósitos artificiales o naturales que protegen esa integridad --a la que a veces se llama “registro arqueológico.”

Ahora, en el sistema legal en Colombia, el énfasis no se ha puesto sobre este carácter de ser evidencias de actividades humanas, sino que se define como un universo de bienes que provienen de cierta época. Es decir, no se define lo arqueológico por la intervención arqueológica para reconstruir el pasado humano sino por la antigüedad de los objetos, y esta forma de definirlo se relaciona con la gran importancia que para muchas personas tienen ciertos objetos particulares por sus cualidades intrínsecas.

Ese interés por ciertas piezas arqueológicas muy particulares, como en varios de nuestros países latinoamericanos, parece haberse desarrollado como imitación de las actividades que en Europa se organizaban desde el Siglo XVI alrededor de los monumentos y de las “obras del arte antiguo”, especialmente de artefactos de la época de las civilizaciones clásicas griega y romana.

Las raíces de la disciplina arqueológica en Colombia se entrelazan de manera incómoda con el anticuarismo y con el saqueo de yacimientos arqueológicos que alimenta el coleccionismo (Langebaek 2003). Ese interés por atractivos objetos del pasado, presentados como “obras de arte” tuvo un auge en Colombia en el siglo XIX, cuando notables viajeros consolidaron sus colecciones de curiosidades. Sin embargo, ese coleccionismo tenía raíces muy profundas en las frenéticas búsquedas de “El Dorado” por parte de conquistadores europeos. Durante la Colonia, la excavación de sitios arqueológicos funerarios, o “guacas” en búsqueda de piezas
“valiosas” continuó en muchas regiones. Entre otras, la región del Alto Magdalena fue asediada por guaqueros y curiosamente, el primer recuento de las estatuas monumentales de San Agustín describe el fracaso de una empresa de guaquería comandada por un “clérigo” de Popayán. Cuenta Fray Juan de Santa Gertrudis (1956 [1757]) que el mencionado clérigo “había venido con seis mestizos popayanejos, con instrumentos a cavar guacas; pero no fue su suerte tan infeliz, que llevando ya diez y nueve de cavadas no encontró oro ninguno, sólo un zarcillito muy chico, y lo demás tiestecitos, muñecos y chucherías de indios antiguos.”

En efecto, la guaquería era una actividad muy extendida durante la Colonia, y las primeras colecciones arqueológicas en Colombia surgen de esa forma. El Museo Nacional, fundado en 1823, comienza como una pequeña colección de antigüedades curiosas (huesos de mastodonte y momias extraídas de sitios arqueológicos de Tunja) que se van alimentando poco a poco con donaciones de coleccionistas.

A comienzos del siglo XX ya se consolidaba en Colombia la disciplina etnológica que
estudiaba las “sociedades primitivas” mediante investigaciones arqueológicas.

Son pioneras en este campo las excavaciones de Konrad Theodor Preuss (1931) en San Agustín entre 1913 y 1914; las de Alden Mason (1931) en Pueblito y otros sitios costeros entre 1922-1923 y las de Gerardo Arrubla y Carlos Cuervo Márquez (1924) en Sogamoso.

Con estas investigaciones, también surgía una forma muy diferente de percibir los artefactos y los sitios arqueológicos. El efecto de este interés influyó en la expedición de la Ley 103 de 1931 "por la cual se fomenta la conservación de los monumentos arqueológicos de San Agustín (Huila)" que declaraba “de utilidad pública” los monumentos y objetos arqueológicos de San Agustín y otros sitios de la Nación. Permitía además “comprar los terrenos arqueológicos de las regiones mencionadas con el objeto de transformarlos en un parque nacional.” Al mismo tiempo, el gobierno nacional patrocinaba las primeras expediciones arqueológicas oficiales encargadas al arqueólogo español José Pérez de Barradas (1943) y al
colombiano Gregorio Hernández de Alba.

Arqueología: Antropología y Ciencia Social

Las nuevas perspectivas se incorporaron a mediados del Siglo XX a programas oficiales para la docencia y el estudio arqueológico. En Colombia, gracias a las acciones de Gregorio Hernández de Alba y de Paul Rivet, se fundaron, en 1938 el Servicio Arqueológico Nacional y en 1941 el Instituto Etnológico Nacional, que finalmente se fusionarían en 1945. Los programas de investigación de estos institutos adelantaron expediciones para describir las áreas arqueológicas y etnográficas del país y así reconstruir las historias culturales de cada región, siguiendo el esquema que Steward proponía en el Handbook of South American
Indians para la reconstrucción de la difusión cultural (ver Mora 2002).

Los estudios de Preuss, Rivet, Pérez de Barradas, Schottelius y Hernández de Alba sentaron las bases de investigadores como Luis Duque Gómez, Gerardo Reichel Dolmatoff, Alicia Dussán y Roberto Pineda Giraldo. La investigación antropológica ayudó a crear conciencia de que los bienes arqueológicos y etnográficos debían cuidarse, no por su valor como piezas de colección, sino por la información que contenían sobre las sociedades indígenas que los habían producido.

Ya en 1938, José Pérez de Barradas (1943) reportaba que en San Agustín la guaquería había destruido grandes áreas del Parque Arqueológico y sitios vecinos. Cargamentos de piezas arqueológicas saqueados del Parque, habían sido identificados y decomisados mientras trataban de ser sacadas del país. El saqueo y el tráfico ilícito era entonces desde los comienzos de la arqueología en Colombia, su más grave problema.

En la segunda mitad del siglo XX, la disciplina arqueológica evoluciona gradualmente a una ciencia social moderna, en la cual la investigación es guiada por preguntas antropológicas sobre el desarrollo a largo plazo de las sociedades humanas. Los avances técnicos de la década de 1950, en especial la datación de Carbono 14 ayudaron a esta transformación y generaron un renovado interés por el estudio de las sociedades prehispánicas que construyeron los monumentos de San Agustín y Tierradentro (Jaramillo y Oyuela 1996).

El Instituto Etnológico Nacional formó a la primera generación de Antropólogos colombianos (entre ellos Blanca Ochoa, Eliecer Silva Célis, Luis Duque Gómez, Graciliano Arcila, Alicia Dussán, Gerardo Reichel-Dolmatoff, Virginia Gutiérrez, Inés Solano, Roberto Pineda, Miguel Fonnegra y Milciades Chaves), quienes apuntalaron la formación de los departamentos universitarios de antropología, primero en la Universidad de Los Andes –en 1963– y luego en la Universidad Nacional de Colombia –.en 1966.

En 1953, el Instituto toma el nombre de Instituto Colombiano de Antropología, dentro del Ministerio de Educación. Para esa época, el ICAN tenía bajo su responsabilidad el estudio arqueológico y etnológico en general, así como el manejo de los parques arqueológicos y la divulgación del conocimiento antropológico.

La preocupación de los arqueólogos y otros ciudadanos por asegurar la protección legal de los bienes culturales llevó eventualmente al congreso a establecer la Ley 163 de 1959 "por la cual se dictan medidas sobre defensa y conservación del patrimonio histórico, artístico y monumentos públicos de la nación". Esta ley exigía que todas las excavaciones arqueológicas contaran con autorización del ICAN.

Desde 1968, el ICAN pasa a ser parte del Instituto Colombiano de Cultura –Colcultura— desde donde continúa sus tareas de investigación y protección del patrimonio arqueológico. Gran énfasis se hacía entonces en el Alto Magdalena, donde Luis Duque Gómez, director durante varios años del ICAN, adelantó la excavación y la reconstrucción de varios de los centros funerarios monumentales de San Agustín.

A pesar de la existencia de un sistema legal que en teoría protegía el patrimonio arqueológico, incluso hasta la década de 1990 todavía existía en el país un amplio sector que consideraba que el valor de los bienes arqueológicos se relacionaba más con el material en que estaban hechos los artefactos y con sus cualidades estéticas, que con su importancia para los estudios arqueológicos.

Desde esa perspectiva tradicional, la protección del patrimonio arqueológico consistía en adquirir las piezas arqueológicas más importantes, antes de que ellas salieran ilegalmente del país. Fue precisamente esta lógica la que justificó la primera adquisición (un poporo de oro quimbaya) en 1939 por parte del Banco de la República, que daría inicio al Museo del Oro (Sánchez 2003). Este énfasis en los objetos no era del todo incompatible con la investigación arqueológica, ya que para la escuela difusionista, los artefactos por sí solos mostraban las relaciones y las rutas de migración y las direcciones de los contactos culturales.

La investigación más reciente, sin embargo, buscaba identificar procesos evolutivos de adaptación y cambio en los que el énfasis recaía en identificar secuencias de desarrollo con base en información estratigráfica. Los orígenes de la agricultura y la vida sedentaria, que presumiblemente habrían sucedido en las costas del Norte de Suramérica atraían la atención de arqueólogos poco interesados en los sitios monumentales, como Gerardo Reichel-Dolmatoff (1987). Para estas nuevas tendencias, era más importante la excavación de basureros y sitios residenciales bien conservados que el análisis de objetos obtenidos de depósitos funerarios.

Había entonces dos posiciones encontradas, acerca de la verdadera relevancia de los bienes arqueológicos: sus características estéticas o estilísticas por un lado o la información estratigráfica de sus cambios por otro.

La primera posición implicaba que el patrimonio lo constituían los objetos diagnósticos, que eran lo que se debían preservar. La forma en que llegaban los objetos al laboratorio no afectaba su identificación como pertenecientes a una u otra tradición. El arqueólogo de campo fue remplazado por el guaquero, que se encargaba de llevar hasta los museos las piezas necesarias para mejorar la delimitación de las culturas arqueológicas regionales (Mora 2002:158). La segunda postura implicaba una situación más compleja, en la que la información arqueológica a ser protegida consistía en distintos niveles de datos empíricos
relacionados con las piezas en su contexto primario.

Podríamos entonces proponer que en esta época se debatían dos ideas opuestas de lo que era el Patrimonio Arqueológico Colombiano: 1.) La idea de que el patrimonio arqueológico lo constituyen ciertas obras maestras del arte prehispánico y 2.) La idea de que el patrimonio arqueológico está constituido por conjuntos de información asociada a bienes muebles e inmuebles que son restos de actividades humanas del pasado.

En términos meramente legales, ese debate lo zanjó definitivamente la combinación de dos leyes. Por un lado, la Constitución de 1991 en su Artículo 72 declara que “el patrimonio arqueológico y otros bienes culturales que conforman la identidad nacional, pertenecen a la Nación y son inalienables, inembargables e imprescriptibles”, colocándolos definitivamente por fuera del comercio. Por otro lado, la Ley de Cultura (397 de 1997) declaró que “son bienes integrantes del patrimonio arqueológico aquellos muebles o inmuebles que sean originarios de culturas desaparecidas, o que pertenezcan a la época Colonial…”

Ahora, aunque la Ley 397 de 1997 desarrolló el Artículo 72 fijando además un régimen especial de protección para todos los bienes de interés cultural declarados como tales (incluyendo especialmente los del patrimonio arqueológico) realmente la prohibición de comercializar con bienes arqueológicos sólo se comenzó a implementar efectivamente en 2002, con la reglamentación mediante el Decreto 833 de la normatividad sobre patrimonio arqueológico.
La arqueología contemporánea

Hoy día se podría definir la arqueología en Colombia como una disciplina antropológica que estudia la diversidad cultural del pasado mediante el estudio de los restos materiales dejados por los grupos humanos. Se vería a sí misma como una disciplina que trata de entender la evolución de las sociedades humanas estudiando sus restos materiales.

Para un buen número de arqueólogos, la arqueología “tiene como objetivo último contribuir al conocimiento sobre la realidad humana. Para ello, la arqueología dirige su atención al pasado remoto, esperando que al estudiar la realidad humana a muy largo plazo se comprenda mejor la diversidad cultural y las fuerzas y los factores que intervienen en los cambios que sufren las sociedades y las culturas a lo largo de sus historias particulares.” (González y Barragán 2001).

Ahora, esa arqueología solo puede ser viable si se conservan y se protegen los vestigios arqueológicos, y por lo tanto una labor importante de la disciplina consiste en la protección y conservación preventiva de los sitios arqueológicos, mediante proyectos concretos y mediante asesoría y presión a las autoridades para que las legislaciones nacionales incluyan normas que protejan el patrimonio arqueológico y permitan así el estudio del pasado humano.

El quehacer arqueológico.

El quehacer arqueológico incluye entonces una variedad de prácticas relacionadas con el patrimonio arqueológico. La actividad profesional más relevante para el arqueólogo es sin duda la investigación científica.

Los arqueólogos invierten también mucho de su tiempo en la docencia. Existen varios centros universitarios que preparan Antropólogos con énfasis en Arqueología y un programa de maestría en arqueología. Mucho de la investigación arqueológica se adelanta precisamente desde los centros de enseñanza de la Univesidad de Antioquia, la Universidad del Cauca, La Universidad Nacional y la Universidad de los Andes.

Esta investigación se inicia con la formulación de preguntas de Investigación. Los arqueólogos se guían por las teorías existentes sobre las sociedades del pasado para identificar vacíos y formular preguntas interesantes sobre los grupos humanos de ciertas regiones y períodos. Algunos temas de gran interés para los arqueólogos que investigan en Colombia son los modos de vida antiguos, la economía prehistórica, los cambios en la organización política, los patrones demográficos y el cambio cultural.

Los arqueólogos formulan un proyecto de investigación en el cual delimitan el área de estudio y la metodología para resolver las preguntas. Deben entonces conseguir un presupuesto y un equipo humano disponible que permita hacer realidad el proyecto.

La investigación arqueológica requiere exploración y excavación. Usualmente hay una etapa de trabajo de campo, con una fase de exploración de una región para localizar sitios arqueológicos de cierta clase y una segunda fase de excavación, en la que se buscan ciertas clases de información más detalladas. Las excavaciones varían en tamaño, cantidad, profundidad y técnica dependiendo de las preguntas.

Un aspecto crucial del estudio arqueológico es el análisis de laboratorio. Es usualmente una segunda etapa de la investigación, en la que se adelantan análisis químicos y físicos, pruebas, conteos, análisis estadístico, descripciones y, finalmente el análisis de todos los datos para resolver las preguntas. El producto directo de la investigación son informes que son usados por otros especialistas.

Pero esa divulgación a especialistas no es suficiente. Para lograr su objetivo social y además fomentar la protección del patrimonio arqueológico, la investigación arqueológica debe complementarse con programas de difusión dirigidos al público en general. Algunos arqueólogos sintetizan los resultados de muchas investigaciones y producen artículos y libros de divulgación. Cada vez más publicaciones son montadas en formato electrónico en el Internet, lo que reduce los costos de las publicaciones.

Para llegar a un público aun más amplio, se organizan exposiciones temáticas en museos públicos y privados e incluso en museos virtuales. Los guiones de esas exposiciones se nutren de investigaciones y de libros de síntesis ya publicados.

Algunos sitios arqueológicos muy representativos o ilustrativos, se dejan destapados después de las excavaciones y se restauran o reconstruyen como parte de exhibiciones para divulgación al aire libre. Los parques se convierten a menudo en importante atractivo turístico.En Colombia existen tres Parques Arqueológicos Nacionales de gran importancia para la divulgación y la economía turística: Teyuna-Ciudad Perdida, San Agustín y Tierradentro. Los últimos dos, además, son parte ya de la Lista de Patrimonio Mundial de UNESCO. Hay también cientos de parques arqueológicos regionales o locales (públicos y privados) que prestan esa tarea de divulgación a la comunidad.

Afortunadamente, en Colombia existen entidades estatales que financian las diversas actividades arqueológicas. La Fundación de Investigaciones Arqueológicas –FIAN–del Banco de la República es la principal fuente de recursos para investigación y para restauración y preservación arqueológicas. COLCIENCIAS, el ICANH, y entidades universitarias tienen programas de financiamiento de investigación que apoyan las labores de arqueólogos vinculados a universidades, entidades estatales o centros de investigación independiente (como ERIGAIE y PROCALIMA, entre otros).

La enorme riqueza arqueológica del país, sin embargo, hace necesario que se amplíen en el futuro los centros y los programas de investigación. Es importante entonces que las entidades estatales trabajen en mejorar las condiciones para el desarrollo de la investigación, al tiempo que se protegen los bienes arqueológicos.

Dificultades para la preservación y estudio del patrimonio arqueológico

El estudio arqueológico requiere una preservación de los restos y sus asociaciones. La mejor forma de proteger la información es obviamente “preservar los estratos del suelo en su estado original y excavar controladamente sólo esos depósitos sobre los cuales se requiere cierta clase de información” (González 2000). Esta preservación in situ, sin embargo, sólo se logra en reservas arqueológicas (áreas arqueológicas especiales y Parques Arqueológicos Nacionales). Otros terrenos que son requeridos para otros usos no se pueden preservar así, porque ello afectaría negativamente a la economía.

Las construcciones de infraestructura, apertura de nuevas vías, sistemas de conducción y trasporte implican la necesaria destrucción de sitios arqueológicos. Esa información arqueológica, al ser la única forma de reconstruir y entender el pasado humano remoto merece ser protegida por el estado.

En Colombia, la entidad estatal a cargo del manejo del patrimonio arqueológico es el ICANH, creado en 1999 mediante fusión con el Instituto Colombiano de Cultura Hispánica y que retomó las funciones del ICAN, incluyendo la administración de los Parques Arqueológicos Nacionales, la aplicación de la Ley 397 de 1996 en el aspecto arqueológico, el otorgamiento de licencias de excavación arqueológicas, la asesoría a otras autoridades, la divulgación arqueológica en el Museo Nacional y en los Parques y la investigación.

La forma en que el estado, a través del ICANH, protege los sitios contra el efecto de las construcciones modernas es la “Arqueología Preventiva”, que consiste en “recuperar información arqueológica en áreas cuya destrucción es inminente. Para hacer esto, los arqueólogos deben diseñar metodologías que les permitan, con recursos limitados y en un tiempo también limitado, recuperar la información básica sobre un terreno definido de manera que, en el futuro, dicha información pueda ser consultada y estudiada y que el estudio de dicha información sea suficientemente intenso como para poder reconstruir aspectos variados de las actividades humanas representadas” (González y Barragán 2001:10). El ICANH para lograr esa protección, mantiene una base de datos de las áreas de interés arqueológico identificadas en el país, disponible a los investigadores.

Otro gran factor que amenaza la preservación es el saqueo. Aunque el saqueo de tumbas (guaquería) y el tráfico ilegal be bienes arqueológicos tienen una larga historia, con raíces en la “minería” de piezas de oro de la época de la Conquista, la consolidación del capitalismo le dio a la guaquería grandes oportunidades de afectar el patrimonio cultural en los países latinoamericanos (Patterson 1999).

Durante el desarrollo de la Arqueología en Colombia, muy pocos arqueólogos se dieron cuenta del enorme daño potencial de la guaquería, y, en cambio de oponerse a ella, utilizaban los servicios de guaqueros, compraban piezas, e incluso, fomentaban las actividades del guaquero (Langebaek 2003).

A pesar de que muchos países saqueados y compradores han firmado la convención de la UNESCO de 1970 para evitar el trafico ilícito de bienes culturales, es obvio que las legislaciones han sido incapaces de frenar estos delitos. En 1990, el tráfico de bienes arqueológicos en Estados Unidos se calculaba en un billón de dólares anuales (Patterson 1990).

El ICANH ha calculado que unas 10000 piezas arqueológicas salen anualmente de Colombia ilegalmente. También se han identificado innumerables subastas y ventas de bienes arqueológicos obviamente colombianos en países que supuestamente han adherido a la Convención de la UNESCO, pero que claramente no han hecho suficiente para que sus leyes realmente eviten las importaciones y ventas de estos bienes que son patrimonio de la humanidad y de los países.

El caso más aberrante fue la incapacidad del gobierno francés, a pesar de que el gobierno colombiano adelantó todos los pasos necesarios dentro de la Convención de UNESCO, para detener la subasta del 2003 en Christie’s de París, en la que se vendieron numerosas piezas del patrimonio arqueológico colombiano, denunciadas como saqueadas por las autoridades colombianas, incluyendo una pieza de oro tairona vendida por 400,000 euros a un museo estatal francés.

Recientemente, el ICANH ha dado grandes pasos en aplicar las leyes existentes para tratar de frenar o aminorar la guaquería y el tráfico de piezas, pero dada la gran magnitud es mucho lo que falta por hacer. La tarea implica mantener un registro actualizado de todas las piezas arqueológicas en tenencia autorizada, y esto obviamente requiere un enorme esfuerzo de varias entidades.

Aunque otros factores influyen en la destrucción del patrimonio arqueológico, la tolerancia de la guaquería es quizás el más dañino, porque influye en la percepción de las piezas arqueológicas como “tesoros” y hace más difícil aplicar las medidas para proteger los bienes culturales.

Para cambiar esta situación, es importante que los diversos actores (comunidades locales, empresa privada y autoridades estatales) participen en la protección de su patrimonio cultural.

Es urgente que, al tiempo que se mejoran los controles de las actividades ilícitas que afectan el patrimonio arqueológico, también se busquen incentivos para que se inviertan recursos en investigación, preservación, y divulgación.

El Ministerio de Cultura está en estos momentos diseñando varias propuestas para modificar la Ley de manera que se les brinde incentivos tributarios a las personas y entidades que invierten en el patrimonio cultural. Asimismo, existen fondos generados por algunos impuestos que las gobernaciones pueden usar exclusivamente para inversión en estos temas.

Los avances graduales del gobierno central en mejorar la seguridad en las zonas rurales han comenzado a dar frutos, generando expectativas sobre la posibilidad real de un despegue del ecoturismo, lo que ha traído renovado interés en crear rutas turísticas enfocadas en sitios arqueológicos, principalmente de arte rupestre o alrededor de centros monumentales.

Es tarea que queda a los arqueólogos, entonces, es aprovechar la existencia de un régimen legal que protege el patrimonio cultural y también el interés creciente de la ciudadanía y de la empresa privada sobre lo arqueológico, para consolidar programas de investigación y divulgación que al tiempo rescaten la información y le brinden al ciudadano aquello que es realmente valioso del patrimonio arqueológico: los testimonios de la diversidad cultural.


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Víctor González Fernández Ph.D.
Coordinador de Arqueología y Patrimonio
Instituto Colombiano de Antropología e Historia-ICANH
vigonfer@hotmail.com, vgonzalez@mincultura.gov.co
www.icanh.gov.co
Calle 12 No.2-41, Bogotá, Tel. 5619896.

PATRIMONIO ARQUEOLOGICO

PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO, CONTEXTO, SOSTENIBILIDAD Y TURISMO:
LA GESTIÓN EN LOS SITIOS ARQUEOLÓGICOS, ESCENARIOS PARA CONSTRUIR NACIÓN



EDUARDO FORERO LLOREDA

Investigador Grupo de Arqueología y Patrimonio (ICANH)
Bogotá Colombia.


Antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Master en Antropología de la Universidad de Pittsburg, Estados Unidos, Candidato a Doctorado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia en México D.F. Entre su amplia experiencia, ha desarrollado trabajos de arqueología en el sur occidente colombiano, en los Departamentos del Valle del Cauca, y Sur de Huila, con énfasis en San Agustín, sobre costumbres funerarias, producción cerámica (mineralogía óptica), patrimonio arqueológico (gestión cultural interdisciplinar).Ha sido docente de pregrado y posgrados en las universidades nacional, Javeriana y Gran Colombia. Es autor de varias publicaciones en artículos de revistas especializadas. Actualmente se desempeña como investigador del grupo de arqueología y patrimonio del Instituto Colombiano de Antropología e Historia.





Introducción

El vínculo entre la arqueología y el turismo ha sido evidente desde que se consolidaron programas de investigación arqueológica de importancia estratégica para el país. Muestra de ello fue el resultado de la alianza ente la entonces Corporación Nacional de Turismo, la FIANH y Colcultura, para que los parques arqueológicos nacionales de San Agustín, Tierradentro y Ciudad Perdida, dieran la cara a un público nacional e internacional, cada vez más deseoso de conocer los impresionantes vestigios de culturas desaparecidas, fundamento de la nacionalidad colombiana. Nexo que además está dado por la estrecha relación existente ente el interés de conocer nuestro pasado y el desarrollo económico de las áreas donde se manifiestan los recursos culturales de carácter arqueológico. A pesar que en Colombia existe una legislación que ampara el patrimonio arqueológico y ofrece lineamientos jurídicos claros para su protección, las acciones, políticas y decisiones que toman en torno al mismo, varían de región en región y en diverso grado de efectividad, de acuerdo con el interés de las comunidades y los recursos disponibles. La formación en gestión cultural, se instrumenta como herramienta para atender escenarios donde se ponen en juego intereses diversos acerca de la posesión, circulación y consumo de bienes culturales. La realización de acciones concertadas ente los sectores públicos y privados, la realización de procedimientos transdisciplinarios inspirados en las sugerentes herramientas del denominado pensamiento complejo (Morin, 2001; Forero, 2003), y el estímulo a las organizaciones locales, se vislumbra como una posibilidad de sustentabilidad y manejo alrededor de las áreas arqueológicas. La formación de arqueólogos concientes y conocedores de la legislación y políticas estatales en pro del desarrollo de las localidades, se constituye en un elemento crucial para la gestión cultural. Esta presentación se exploran los acercamientos, vínculos y métodos necesarios para fortalecer el concepto del patrimonio cultural como recurso y la comunicación y coherencia que debe haber ente el sector institucional, académico, público y privado en aras a desarrollar políticas culturales, ambientales y turísticas que propendan por la protección de los sectores y del crecimiento, equidad y sostenibilidad de la población que se benefician de estos recursos.


Gestión cultural, recursos culturales y Desarrollo.

El papel de los municipios, departamentos y regiones, en pro de acciones concertadas en el maraco de la gestión cultural, en el desarrollo del titulo IV de la ley de Cultura (397, de 1967) es relevante, fundamental y esencial, para la consolidación y fortalecimiento de las políticas culturales. Su reglamentación y desarrollo, compromete ampliamente la participación de los entes territoriales en donde se manifiestan diversos recursos culturales y la formación y capacitación de gestores culturales.

En este sentido el papel de los centros de educación formal en antropología se constituyen como escenarios adecuados para consolidar procesos de capacitación en gestión cultural, sobre todo en áreas cuya vocación arqueológica y antropológica sea determinante. De esta forma el papel de las universidades, asociaciones y gremios, aparte de su dinámica disciplinaria profesional y académica contribuirán en el contexto de la sociedad como interlocutores entre el estado y la comunidad para apoyar al Ministerio de Cultura a través del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, las secretarías departamentales y municipales de cultura en el diseño, construcción, concertación, programación y planeación en el corto, mediano y largo plazo de proyectos, los cuales contribuirían con la planificación de la inversión social del estado en el sector cultural.

Las expectativas de desarrollo, crecimiento social, equitativo y sin deterioro ambiental, están consolidadas en los conceptos sostenibilidad o sustentabilidad de los recursos: sean ellos de carácter natural o cultural. Es una idea que ha hecho carrera en la construcción de programas y proyectos en el contexto de la planeación estratégica con miras a la conservación del medio ambiente. Aún es difícil creer que el desarrollo de las comunidades y los pueblos sea lo suficientemente sostenible a la luz de un manejo adecuado de los recursos pese a las presiones de la economía de mercados. La consideración de estos términos llaman a la reflexión, evaluación y al replanteamiento de actitudes éticas, frente a la generación del conocimiento, su utilidad para la sociedad y al control de acciones en pro de la protección ambiental. El deterioro del mismo, el exceso en la acumulación de riqueza parece haber sido el motor generador del ‘desarrollo’ y ‘crecimietno’, pero aún no se sabe con certeza las consecuencias que esto ha tenido en el deterioro de la calidad de vida, el ambiente y el sentido de la condición humana.

Lo que si es evidente es que el vínculo existente entre la sociedad y el territorio que se media por la creación cultural y la interacción del hombre con los recursos, es lo que consideramos patrimonio cultural. El cual se expresa en escenarios naturales, y se nutre de creencias, memoria y tradición: Cultura viva, sabia de los pueblos.

En estos acercamientos entre territorio y sociedad, matizados por la recursiva influencia de la tradición, es crucial para el entendimiento de la noción de patrimonio cultural (propiedad, huella o heredad) en la construcción mítica fundacional de los Estados Nacionales Modernos, y su permanente resignificación en la dinámica subalterna, poscolonial. El patrimonio cultural se expresa en un escenario enriquecido por el patrimonio natural. También la noción de patrimonio material e inmaterial, si bien es susceptible de diferenciaciones, no se debe fragmentar. El contexto en el cual se obra también pertenece a la esfera de ‘lo público’ en donde el papel de las administraciones locales cobra un papel relevante. En este sentido el éxito de un adecuado manejo de los recursos culturales depende de una acertada gestión que vincule orgánicamente sectores de diferentes ámbitos del Estado, basados en la concertación de planes y programas con las comunidades donde se dinamizan dichos procesos. En este sentido la noción de conservación de los recursos culturales, equivale a la de sostenibilidad desarrollada en el ámbito de la ecología, en donde es esencial la participación de la sociedad.

En síntesis, un adecuado manejo de los recursos culturales favorece una visión integral y orgánica del patrimonio cultural y natural. Cuyos ámbitos diferenciados en las fronteras de las competencias institucionales y legislativas, se vinculen transdisciplinariamente a la luz de la consolidación de proyectos concertados. Los cuales favorecen la sostenibilidad de los programas (en el mediano y largo plazo) y la conservación de los mismos. Acciones favorecidas por la investigación y el estudio, desarrollados en el marco de la gestión cultural en los términos aquí considerados y vinculados a los planes de desarrollo locales, en donde el turismo se constituye en el factor, vehículo y vínculo que convoca a la sociedad para la construcción de consistentes significados imaginarios sociales.


El patrimonio como recurso

Los acercamientos más comprensibles a la idea de patrimonio cultural, los generan discursos asociados con la idea de propiedad y heredad (Ballard, J y J Tresserras, 2001). Nociones absolutamente centrales en la consolidación de los mitos fundacionales del Estado Nacional (Vásquez León, 1994) y el desarrollo del ‘sistema mundo capitalista’ (Wallerstein, 2003b). En la construcción del Estado Nacional moderno se observa como el régimen de propiedad real pasaba de manos de la realeza a las elites criollas. Mismas que han conservado el poder desde la conformación de las repúblicas hasta estos días de globalización, incertidumbre, políticas financieras mundiales, desterritorialización de las culturas, identidades de consumo, por encima de las identidades nacionales o religiosas.[1] Sobre despojos de los vencidos, los que perdieron la guerra, descansa la legitimación territorial y la heredad del Estado Nacional.[2] Desde allí se construyen las bases y fundamentos de esa nacionalidad hegemónica, que nutre los contenidos de la definición del patrimonio arqueológico, en los códigos y leyes de carácter nacional. En el ambiente poscolonial llama la atención que tanto en España como en Inglaterra potencias mundiales Coloniales, el patrimonio histórico es un recurso.

La percepción más clara del concepto de patrimonio como recurso en Inglaterra, está claramente justificada en Lipe (1984):

Debido a que los seres humanos generalmente modifican el paisaje en el cual ellos viven, y debido a que se le asignan nombres, mitos y valores efectivos para el territorio que habitan, los paisajes de las culturas del pasado también pueden calificarse como recurso cultural” […] Este ensayo explora los caminos en los cuales los materiales culturales del pasado pueden funcionar como recurso – esto es para el uso y beneficio- en el presente y en el futuro (1-2).

Sus apreciaciones las fundamenta en las categorías de valoración que asigna al patrimonio como recurso: Valor asociativo simbólico (referencias con el pasado mítico), informacional (propio de la cantidad de calificaciones), estético (arte y decoración) y económico. Page Jenny (1995), en su Filosofía, política y práctica del patrimonio en Inglaterra, ilustra sobre la calidad de la propiedad del patrimonio privado de los ‘señores’, el régimen de tenencia, en la generación de una política económica sobre el patrimonio y el papel del desarrollo turístico en ese contexto. Para España, Ballard y Tresserras (2001), son ampliamente descriptivos en la caracterización del patrimonio como recurso. No es para menos, ambas naciones fueron potencias mundiales en la Colonia y sus acervos documentales y la riqueza de sus museos es enorme, constituye un ‘atractivo’ turístico para las naciones del mundo, que se evidencia en políticas estatales claramente dirigidas a gestionar procesos de ‘desarrollo’ en ese sentido.

En la América poscolonial, es propiedad de la Nación, fuertemente custodiada por el estamento político que legitima el orden y el establecimiento. La identificación, caracterización y definición del patrimonio cultural, y más específicamente el patrimonio arqueológico, requiere de una serie de calidades que lo califican como tal y que se legitima de acuerdo con el peritaje y valoración institucional de un arqueólogo. La significación y la valoración del objeto, está mediada por la ‘experiencia’ que emana de la relación sujeto-objeto. Sobre esta relación empírica descansa la significación del objeto, su autenticidad y su construcción epistemológica.

La UNESCO “Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura” se constituye como una institución rectora para las naciones del mundo en términos de lo que se considera patrimonio cultural:

El patrimonio Cultural de un pueblo comprende las obras de artistas, arquitectos, músicos, escritores y sabios, así como las creaciones anónimas, surgidas del alma popular, y el conjunto de valores que dan un sentido a la vida, es decir, las obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo, la lengua, los ritos, las creencias, los lugares y monumentos históricos, la literatura, las obras de arte y los archivos y bibliotecas” […] “Así quedaba definido en México en el año de 1982, lo que un pueblo debe entender por Patrimonio Cultural, en la Conferencia Mundial celebrada sobre políticas culturales. (Campillo, 1998: 23).

Las definiciones de patrimonio cultural en cada nación refieren sus contenidos conceptuales de acuerdo con lo que consideran fruto de la ‘creación’ humana y que merezca ser valorado por toda la comunidad nacional. Estos contenidos tienen por lo general una carga simbólica y valorativa, de acuerdo con los conceptos hegemónicos de arte y estética, consolidados por las elites gobernantes, en los cuales se han excluido las voces de la diferencia, las minorías y los grupos marginados del poder. En Colombia, aún no están claramente definidas las competencias ‘Nacionales’ en territorios indígenas o en áreas especiales, respecto a los temas relacionados con el patrimonio cultural y en particular, en los temas relacionados con el patrimonio arqueológico. La última reforma constitucional avanzó enormemente en sus conceptos democráticos y de equidad, en la participación de las minorías en las decisiones, así como en las normas de protección de los derechos fundamentales y medio ambiente. Sin embargo, las diferencias y conflictos irresueltos desde tiempos coloniales (sobre todo referidos a la tenencia de tierras), y los ‘detonadores’ que hacen imposible el equilibrio social (narcotráfico y guerrilla principalmente), además de una situación fiscal y de endeudamiento externo enorme, hace imposible ubicar la agenda cultural en las discusiones prioritarias del gobierno.

A pesar de esto el ICANH (Instituto Colombiano de Antropología e Historia), vela por la protección de los bienes de interés cultural de carácter arqueológico (entre otras actividades fundamentalmente de investigación social), su presencia a nivel ‘Nacional’ es bastante reducida, y su capacidad de atender directamente las obligaciones que impone la ley es limitada. Pese a ello, se realizan controles y verificaciones, básicamente referidas al registro de material arqueológico, licencias de excavación y tráfico de precolombinos. Sin embargo, la demanda de atención en las obras de infraestructura que se expanden permanentemente, y en las cuales aparecen sitios arqueológicos, genera la necesidad de a vigilar, proteger y conservar las áreas impactadas. Aún no se han podido establecer los mecanismos jurídicos ni administrativos para generar una política de gestión institucional, que proceda sin ser contradictoria con las obligaciones de Ley. Todavía los parámetros especializados, rigurosamente anclados a la concepción del patrimonio arqueológico Nacional, peritaje, custodia y soberanía, están lejos de ser autorreflexivamente evaluados. La soberanía, control, manejo, valoración y decisión en estas materias, está en la jurisdicción de los territorios disciplinarios, excluyentes y canónicos. Probablemente a la luz de propuestas transdisciplinarias, dialógicas, participativas la resignificación de el recurso arqueológico conduzca a la creación de espacios sustentables y autónomos. Pasaremos a desarrollar la idea de gestión, política cultural y Sustentabilidad, con el fin de proponer un modelo transdisciplinario que impulse la planeación y la labor de equipo, frente a la de ‘gerentes’ y gestores culturales, ubicados generalmente encima de la pirámide. Esta vez se propone una planeación concertada desde la base (para invertir la pirámide) y cuyo resultado sea la culminación de un proceso compartido. No que sea la aplicación de un modelo hegemónico, impuesto por la voluntad arbitraria de la estructura de poder, con todas las estrategias de exclusión características del sistema. Esto implica poner en práctica las sugerencias y las ideas discutidas en esta tesis: El cambio de paradigma, la apertura de las ciencias sociales, y la acción política profesional del arqueólogo, la resignificación del concepto de patrimonio[3] y la construcción dialógica de significados imaginarios sociales, es decir, la construcción de usos sociales del patrimonio no exclusivos ni excluyentes[4].
Conclusiones

El trabajo está por empezar. Tal como está planteada la arqueología ahora no existe posibilidad de construir puentes transdisciplinarios. Aún su aislamiento se percibe en la trayectoria que siguen las dinámicas institucionales, canónicas, que aún se rigen con las ideas que iluminaron a la humanidad en su debido momento pero que hoy reclaman un reacomodamiento, reestructuración y resignificación (del patrimonio arqueológico incluido). Toda una posibilidad enorme de análisis autorreflexión y creación se avecina, superada la moda ‘deconstructora’, nihilista e iconoclasta, las disciplinas siguen su curso; son campos que obedecen a un orden, de eso no hay duda, el desorden en este caso es la creatividad, la posibilidad de superar los límites y ver más allá. Estamos al borde del umbral y en la antesala de un nuevo orden. Salir de la especialización a la acción. Al compromiso ético y político.

El cambio de paradigma supone, como se advirtió más arriba un cambio en la estructura general de las ciencias humanas, y de las disciplinas que conforman su cuerpo académico. Al superar las divisiones arbitrarias entre hombre y naturaleza, y entender que ambos ámbitos son necesarios para garantizar el equilibrio de la especie humana, la comprensión de los fenómenos sociales reducirá la frontera existente entre los espacios disciplinarios. La noción de sistemas sociales complejos permitirá la creación de vínculos transdisciplinarios y de facto la reorganización de las ciencias sociales. Surtirá efecto además, en los espacios universitarios, sus facultades y en las instituciones educativas tal como lo propone la comisión Gulbenkian para la reestructuración de las ciencias sociales (Wallerstein, 2003 a) y Morin (2001), en los siete saberes necesarios para la educación del futuro.

La misma comisión prevé 3 problemas organizacionales:
- La relación investigador e investigación una vez se superen las antinomias fundacionales de la estructura de conocimiento: hombre/naturaleza, civilizado/bárbaro, presente/pasado, ciencias nomotéticas/ideográficas.
- La reconsideración de las dimensiones espacio y tiempo dentro de los análisis sociales, no sólo como realidades físicas externas a los fenómenos de la sociedad;
- Superar la división político/ económico /social, líneas ignoradas de facto por los cánones de la investigación científica, precisamente porque allí radica la ‘neutralidad’ de su escepticismo y falta de compromiso político.

La visión de los fenómenos sociales como sistemas complejos constituye una forma de pensar transdisciplinariamente. Las trayectorias, los eventos, las dinámicas, las variables son un tejido, que sutil y denso, se conectan y vinculan sin fraccionamientos ni límites. Superado el aislamiento, se facilita su comprensión. La gestión cultural, comprendida dentro de la concertación de acciones, construcción de equipos de trabajo y puentes de comunicación con sectores diversos, contribuye para generar espacios transdisciplinarios donde es construyen estructuras conceptuales mutuas como ejercicio fundamental de la metodología misma.

La división hombre / naturaleza, superada a la luz del paradigma de la complejidad, frente a una dimensión Eco- bio- social, del hombre, contribuirá a restituir el sentido de las acciones humanas y a generar alternativas en torno a las estrategias extractivas y abusivas del sistema económico imperante.

La resignificación del trabajo profesional del arqueólogo en trono a las dinámicas de la complejidad (transdisciplina, dialógica y eco- bio - ética), vinculará su práctica con acciones consecuentes con el recurso más importante que existe en las áreas arqueológicas: la gente, la comunidad.

Navegamos en un mar de incertidumbres aferrados a una nave de certezas. Antes de la entropía, la extinción total del sistema y la degradación de la biosfera, debemos ser capaces de generar, organizar y crear ordenes más equilibrados, equitativos y autónomos. Algo anda mal, no funciona adecuadamente en la estructura política y organizacional del Estado Moderno. Las Ideas con que se nutre el mito fundacional de la nacionalidad: la igualdad, la democracia y la libertad; la soberanía, identidad el territorio y sus vestigios patrimoniales demandan superar las fronteras desde donde se definen. Es decir, que la investigación social debe superar su carisma ‘estadocentrico’y revertir su potencial creativo a las bases poblacionales para el fortalecimiento del estado ‘dialógico’ no hegemónico.

La ‘imaginación radical’ al servicio de la autonomía como regulador de la tensión propia de un sistema caótico entre el orden y el desorden, lo universal y lo particular, lo hermenéutico y lo objetivo. En el reestablecimiento de una relación hombre, naturaleza, cultura, tradición, patrimonio y creatividad, sin fraccionamientos en busca de la ‘unidimensionalidad’ del sistema mundo- hombre naturaleza y el disfrute de la misma a través de un turismo cultural sostenible.




Referencias Bibliográficas


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-,2003b. Impensar las Ciencias Sociales. Límites de los paradigmas decimonónicos. Siglo XXI editores, 3ª Edición, México.

Reichel Dolmatoff, Gerardo.1997. Arqueología de Colombia, Imprenta Nacional. Bogotá.


[1] La identidad cultural es entendida aquí como un mito ideológico. Una invención de los estudiosos de la cultura (poiesis social). Identidad y poder, son los temas más complejos de tratar en ciencias sociales. Las características ‘migratorias’ del primero e ‘ilusorias’ del segundo, son consideradas por Wallerstein (2003 a), como esenciales para el estudio de sistemas históricos complejos. Son elementos ‘cohesionadores’ de formas solidarias y ‘ordenes’ sociales, que legitiman la dinámica social y los espacios de negociación política de las minorías frente a las instituciones hegemónicas del Estado.
[2] “Ya en 1530, el Gobernador de Santa Marta, García de Lerma, decretó que los entierros de los indios Taironas podían abrirse sólo con su permiso personal, para poder así establecer los derechos de la Corona sobre le oro encontrado en ellos. En 1572, una Cédula Real ordenó que la mitad del oro que se hallase en los ricos túmulos del río Sinú debía ser entregado a la Corona; disposiciones similares fueron dictadas por la mayoría de las autoridades locales, para controlar el saqueo de las tumbas y garantizar que las arcas del rey recibieran parte del botín. (Reichel Dolmatoff, 1997: 7-8)
[3] “Y así, mientras no se tome la distancia adecuada en torno a las tesis modernistas de la historia y a la modernización económica; no se genere un reconocimiento profundo y real de los valores no occidentales de la "cultura mexicana" y se les entienda como proceso histórico y como presente reconocido en su alteridad; mientras no se genere una visión de la historia que incluya a las minorías, a los dominados y a los vencidos; mientras no se agregue el valor contextual y posicional de los objetos como parte inherente de su valor patrimonial; mientras no se tome en cuenta que en su colocación se dieron los espacios concretos en los que los objetos participaron, como valor de uso, realizados en su función directa "original", no en la que le es asignada desde aquí y desde afuera, la de mercancía; mientras todo esto no ocurra, nuestra concepción y las acciones sobre el "patrimonio cultural" van a ser necesariamente incompletas, fragmentarias y parcializadas.” (López Aguilar, 1991: 11).

[4] La reformulación de la idea de patrimonio no es nueva García Canclini (1994), observa: “Un patrimonio reformulado que considere sus usos sociales no desde una mera actitud defensiva, de simple rescate, sino con una visión más compleja de cómo la sociedad se apropia de su historia, puede involucrar a nuevos sectores. No tiene por qué reducirse a un asunto de los especialistas en el pasado. Interesa a los funcionarios y profesionales ocupados en construir el presente, a los indígenas, campesinos, emigrantes y a todos los sectores cuya identidad suele ser trastocada por los usos hegemónicos de la cultura. En la medida en que nuestro estudio y promoción del patrimonio asuma los conflictos que lo acompañan, puede contribuir al afianzamiento de la nación, pero ya no como algo abstracto, sino como algo que une y cohesiona en un proyecto histórico y solidario a los grupos sociales preocupados por la forma en que habitan su espacio y conquistan su calidad de vida” 60-61. Otros significados del patrimonio las proponen Cervantes y Martín –Juez (2001) ver: Una nueva visión del patrimonio cultural en Ciencia. Revista de la Academia Mexicana de
Ciencia.